Huesos en el jardín de Henning Mankell

Huesos en el jardín de Henning Mankell es el último relato sobre Kurt Wallander, aunque cronológicamente hay uno posterior ya editado en el 2010: El hombre inquieto. Este no es un relato menor porque aparecen todas las claves por las que nos ha subyugado este personaje y sus historias.

Un domingo de octubre de 2002, un Kurt Wallander agotado después de una intensa semana de trabajo va a visitar la que podría ser la casa de sus sueños, en las afueras de Löderup. Mientras deambula a solas por el jardín de la finca, rumiando si comprarla o no, tropieza con algo semioculto entre la hierba. Para su sorpresa, son los huesos de una mano. Esa misma noche, cuando los técnicos encienden sus focos y cavan alrededor, sale a la luz un cadáver que, según los forenses, lleva más de cincuenta años bajo tierra. Poco antes de Navidad, y pese a los recortes presupuestarios en la policía de Escania, el inspector Wallander, junto con sus colegas Martinsson y Stefan Lindman (el protagonista de El retorno del profesor de baile), sigue investigando lo que parece ser un asesinato muy antiguo. Pero ¿es posible esclarecer un crimen cometido tanto tiempo atrás? Cuando ya está a punto de darse por vencido, Wallander regresa al jardín de la que pudo haber sido su casa. Y algo despierta en él nuevas sospechas que se convertirán en un nuevo hallazgo.

Además, al final hay un magnífico epílogo sobre Kurt Wallander, el denomina posfacio titulado Cómo empezó, cómo acabó y lo que ocurrió entre tanto, en el que nos desliza algunas de la preguntas que siempre quisimos hacerle sobre Wallander a Mankell y nunca nos atrevimos a formularlas. Pero aquí aparecen esas preguntas (yo formularía muchas más) y algunas respuesta. Aunque la revelación más significativa para mí haya sido que el origen de la serie sobre Kurt Wallander es que el autor decidió escribir sobre racismo (pág. 163). Siempre he pesnado que este tema se puede abordar de múltiples maneras y esta es una de ellas que nos permite reflexionar y pensar sobre él. También revela que la leona blanca (1992) está inspirada en el temor que tuvo entonces por la posibilidad de un asesinato de Nelson Mandela que acababa de salir de la cárcel.

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