La librería ambulante de Christopher Morley

La librería ambulante de Christopher Morley es un libro delicioso. Prepárate para entrar en un mundo único y lleno de encanto, donde el tiempo se ha detenido: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos Estados Unidos todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven los viejos carromatos y los novísimos automóviles; Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, quien decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo. A partir de ese momento se sucederán los encuentros y los desencuentros, y las más divertidas peripecias se darán la mano con las grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero. Delicioso cuento en el que se mezcla un canto a la naturaleza y a la cultura, a los libros y a la humanidad. Un combinado de Thoreau, Whitman, Kipling, Twain… cargado de fino humor, situaciones entrañables y a veces, delirantes. Morley nos introduce en el mundo rural de Nueva Inglaterra a comienzos del siglo XX, pero sobre todo recrea una historia de cuento, con un trasfondo moral y filosófico, cuya acción transcurre a lo largo de apenas cuatro días.

La protagonista y narradora de la historia, Helen McGill, es una soltera cuarentona, que ha pasado de institutriz a granjera, y durante años no ha hecho otra cosa que cocinar, cuidar de los animales y de su hermano, que de granjero se ha convertido en escritor famoso y solo vive para escribir. Pero un buen día cambia el rumbo de su vida, al toparse con un personaje que podría ser un duendecillo, un enano saltarín, un príncipe transmutado en sapo al que la ―en este caso― robusta y madura señorita McGill, a modo de princesa rural, es seducida por la posibilidad de una variación en su aburrida rutina doméstica, lanzándose de cabeza a una aventura contra toda posición lógica y racional, una locura, según su hermano y casi todos los que la conocen.

El Parnaso es el nombre de una librería ambulante, (de hecho, el título original es Parnassus on wheels) un carricoche tirado por Peg, viejo caballo al que acompaña Bock, un perrito juguetón. Con esos compañeros el señor Mifflin recorre el país, de pueblo en pueblo, vendiendo cultura, o sea, libros, y a la vez, tratando de convencer a los habitantes de cada casa de las ventajas de tener el hábito lector. «Que nos llamen hombres no nos convierte en hombres―pregona Mifflin―. Ninguna criatura sobre la faz de la tierra tiene derecho a creerse un ser humano a menos que esté en posesión de un buen libro». Maravillosa labor que le hace feliz, a la vez que le mantiene en una sanísima unión con la naturaleza. Esta actitud es adoptada por Helen, que se convierte en heredera del señor Mifflin.

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