Dallas Buyers Club de Jean-Marc Vallée

Dallas Buyers Club de  Jean-Marc Vallée, ha sido una de las grandes ganadoras de los oscar de este año junto con 12 años de esclavitud y Gravity por los dos premios de interpretación masculina: Matthew McConaughey como Ron Woodroof y Jared Leto como Rayon. Pero es una película que va mucho más que esta anécdota. Es la confirmación de un gran actor  Matthew McConaughey que nos dará muchas sorpresas y al que ya admiramos en True Detective.

Dallas Buyers Club es el retrato de una enfermedad y un retrato humano que resulta emocionante y convincente, más que efectivo. La fuerza es este film irregular está en la tragedia de Ron Woodroof, el personaje real que encarna Matthew McConaughey con una convicción rayana en la obsesión. Hay que ver el rostro del actor para creerlo, chupado, seco; y observar sus ojos, extinguiéndose en la enfermedad. ¡Eso es entrega de Oscar! Y de Oscar ha sido, efectivamente. Woodroof fue un texano homófobo, electricista de profesión y cowboy a horas libres. Uno de esos tipos que lo da todo por la fiesta, al que un día le descubren que tiene sida: “Esa enfermedad de mariquitas!”, dice. Y se enfada con el mundo, claro, sobre todo cuando le aseguran que apenas le queda un mes de vida. Corría el año 1985 y en aquel tiempo el sida era una condena con la que cada uno tenía que negociar (el fin) como podía. Primero, la negación antes citada: ¡No; yo no! Después, la ira. Y más tarde la negociación (con la muerte): “¡Bueno, ya que estamos! ¡Saquemos partido!”, se dice Woodroof. Seguimos también las maquinaciones de Woodroof para sacar provecho a la enfermedad mediante la alianza con un transexual que encarna Jared Leto (con igual compromiso que McConaughey con el personaje), también de Oscar, como mejor actor secundario. Dallas Buyers Club da cuenta de los esfuerzos de ambos por conseguir lo que la medicina oficial les niega: tratamientos alternativos. Y también como convierten esos tratamientos en negocio. Vendiendo esperanza (a 400 dólares) a los seropositivos. Como película, se desparrama en destellos de emoción y se pierde en ellos. La lucha contra el sida queda confusa, difuminada, apenas nada. Algunas explicaciones de lo que ocurre resulta confusa y no justificada. Pero la película cumple sus objetivos con creces, dar un retrato de una sociedad abominada y abominable contra el SIDA-VIH. Su lucha irreductible contra la enfermedad le dio 7 años de vida frente a los 3o días que le auguraban los médicos. Ron Woodroof Woodroof tuvo una batalla contra la Administración de Alimentos y Medicamentos, y da pie a una campaña de concienciación sobre la desinformación del Gobierno para ayudar a todas las víctimas silenciosas que sufren el virus del SIDA.

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