Niveles de vida de Julian Barnes. Globos aerostáticos y Félix Tournachon-Nadar. Sarah Bernhardt y el coronel Burnaby. Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh

Niveles de vida de Julian Barnes. Globos aerostáticos y Félix Tournachon-Nadar. Sarah Bernhardt y el coronel Burnaby. Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh.

Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero Mancio. El Museo del Prado.
Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero Mancio. El Museo del Prado.

En las primeras páginas de Niveles de vida, Julian Barnes recoge unos comentarios que seguramente resultan esenciales para acercarse al asunto central del libro. Son unas observaciones que hizo Jacques Charles el 1 de diciembre de 1783: “Cuando sentí que me alejaba de la tierra, mi reacción no fue de placer, sino de felicidad”, comentó. Habló también de “un sentimiento moral”, y añadió finalmente: “Me oía vivir, por así decirlo”. Jacques Charles era físico y se pronunció en estos términos tras la primera ascensión de un globo de hidrógeno: él viajaba dentro, se alejaba del suelo, podía observar desde las alturas el mundo cada vez más diminuto… y se supo simplemente feliz.

Se oía vivir, dijo; y también se refirió a un “sentimiento moral”. Las observaciones se comprenden fácilmente, no es difícil imaginar lo que pudo significar aquel momento, el hecho de desprenderse por primera vez del suelo metido en una de esas particulares canastas y levantar vuelo, así que incluso no resulta disparatado compartir –aunque sea remotamente– las emociones de aquel caballero antiguo, que nada sabía aún de aviones, ni tampoco de los espectaculares desplazamientos que se hacen estos días por las alturas. Lo que resulta más difícil es explicar lo que significan realmente sus palabras. ¿Por qué distingue entre placer y felicidad, por qué habla de “sentimiento moral”, qué quiere decir exactamente cuando habla de oírse vivir?

Julian Barnes inicia su última obra con una idea de marcado carácter literario: “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia”. Y, efectivamente, a lo largo de Niveles de vida va a intentar ir puliendo este asunto, bajarlo a tierra, darle consistencia, hilvanarlo en unas cuantas historias. Enseguida se refiere, por ejemplo, a los viajes que hicieron en globo un coronel –Fred Burnaby–, una actriz –Sarah Bernhardt– y un fotógrafo –Félix Tournachon, más conocido como Nadar–, y encuentra otras tantas irresistibles observaciones sobre la experiencia de volar que, como la del físico Jacques Charles, tienen toda la pinta de dar en el clavo. Sarah Bernhardt apuntó que por encima de las nubes “no hay silencio, sino la sombra del silencio”, y Nadar descubrió que ahí arriba sentía “como si viviese por primera vez”. “Con qué facilidad se disipan la indiferencia, el desprecio, la desmemoria… y surge el perdón”, dijo. ¿Es tal vez esta idea del “perdón” la que podría ayudar a entender por qué dentro de un globo surge esa suerte de “sentimiento moral”?

Autorretrato de Gaspard-Félix Tournachon, llamado Nadar (h. 1865).
Autorretrato de Gaspard-Félix Tournachon, llamado Nadar (h. 1865).
Fred Burnaby, Sarah Bernhardt y Nadar existieron de verdad, así que si alguien los ha metido en un libro tendría que ser por fuerza en uno de historia. Julian Barnes se ocupa, por ejemplo, de explicar con detalle la obsesión de Nadar por atrapar desde las alturas lo que se ve desde allí y las dificultades que tuvo al hacerlo con unos dispositivos todavía muy primitivos, los de la fotografía de entonces. Pero el escritor británico se atreve también a contar la relación que tuvieron Sarah Bernhardt y Fred Burnaby. Les hace decir cosas, revela su intimidad, incluso se pronuncia sobre sus afectos. Llega a apuntar, sin ir más lejos, que el coronel Burnaby estaba tan contento por tener, en su relación con la actriz, “las cosas sencillas que el corazón deseaba” que incluso “se oía vivir a sí mismo”. Vaya: ¿puede un historiador tomarse tantas licencias?

¿Existen unos límites precisos, hay fronteras, peajes que pagar, cuando a la hora de escribir se mezcla la ficción con la realidad? Este viejo problema ha vuelto recientemente a las mesas de disección de los periódicos a propósito de diferentes novelas donde, efectivamente, aparecen hombres y mujeres que existieron de verdad y, digámoslo así, podría no resultar fácil distinguir que ocurrió realmente y qué ha entrado en esas versiones de contrabando. ¿Cómo diablos puede saber un escritor del siglo XXI que un militar del siglo XIX “se oía vivir a sí mismo” en esos momentos de doméstica complicidad que había conquistado al convertirse en amante de una célebre actriz? No hay que fiarse de Julian Barnes. En la novela que lo hizo célebre a mediados de los ochenta del siglo pasado, El loro de Flaubert, también se saltaba algunos protocolos que los prescriptores de los géneros han establecido sobre el mapa de la imaginación: hasta aquí, la realidad; de allí en adelante, la pura ficción.

¿Crónica periodística, pieza histórica, memorias, novela, autoficción? ¿de qué estamos hablando exactamente? El escritor es un artista de la mezcolanza, pero seguramente cada propuesta tiene su propia lógica y hay algunas que se acercan más que otras a esa excelencia que todos persiguen. Quizá por eso importe más que el afán de colgarle una definición precisa a cada libro, encontrarle la punta del hilo desde la que puede destejerse con mayor provecho la compleja trama de elementos que cada obra literaria convoca. En Niveles de vida, donde Julian Barnes se ha empeñado en subirse a un globo, y acompañar en sus viajes al coronel Burnaby, a la iconoclasta Sarah Bernhardt –cuando llovía, decía “que era demasiado flaca para mojarse; simplemente se colaría entre las gotas”, cuenta el escritor británico– y al fotógrafo Nadar, hay un momento en el que se le escapa una frase que de tan evidente produce chispazos: “Pero al elevarnos, podemos caer en picado. Hay pocos aterrizajes suaves”, escribe. Y después: “Cada historia de amor es en potencia una historia de aflicción. Si no al principio, más tarde. Si no para uno, para el otro. A veces para ambos”.

La actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), fotografiada por Nadar entre 1860 y 1865.
La actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), fotografiada por Nadar entre 1860 y 1865.
 De eso va Niveles de vida, ése es su asunto: una historia de amor que es una historia de aflicción. Lo que los escritores persiguen muchas veces no es más que eso, encontrar las palabras para darle forma a lo que los está deshaciendo, y poder mantenerse así enteros. “¿Cómo se puede transformar la catástrofe en arte?”, se preguntaba Barnes en el capítulo que dedica en Una historia del mundo en diez capítulos y medio a La balsa de la Medusa, el cuadro de Théodore Géricault. Eso es lo que ocurre en Niveles de vida, que Barnes está contando un naufragio en el que resulta que el náufrago es él mismo. “El pintor no es suavemente llevado río abajo hasta el remanso soleado de esa imagen acabada, sino que trata de mantener el rumbo en un mar abierto de corrientes contrarias”, escribió a propósito del trabajo de Géricault.

Julian Barnes tenía 32 años cuando conoció a Pat Kavanagh y 62 cuando murió. Desde que le diagnosticaron la enfermedad fatal hasta que todo acabó pasaron 37 días. Fue en el otoño de 2008. Niveles de vida intenta meterse en el agujero de lo que pasó después. “Entonces, ¿cómo te sientes?”, escribe. “Como si te hubieras caído desde una altura de sesenta metros, y hubieras aterrizado con los pies por delante en un arriate de rosas, con un impacto tan fuerte que te ha clavado en la tierra hasta las rodillas, y una conmoción que te ha reventado los órganos internos y los ha proyectado fuera de tu cuerpo. Así se siente uno, ¿y por qué debería parecer otra cosa?”. ¿Qué ha pasado con los viajes en globo, dónde diablos hemos venido a parar?

Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh, fotografiados en 1991 por Jillian Edelstein. National Portrait Gallery.
Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh, fotografiados en 1991 por Jillian Edelstein. National Portrait Gallery.
 El largo periodo de duelo, la pura aflicción. En ese mar de corrientes contrarias se debatió Julian Barnes durante un largo tiempo tras la muerte de su mujer. Todas las hipótesis que el dolor fabrica, todas las tentaciones de precipitarse al abismo, la violencia de la conmoción y la pura indiferencia ante el mundo: “La posición defensiva, acurrucada, a la que nos fuerza para sobrevivir nos vuelve más egoístas. No es un lugar elevado en el aire; no ofrece vistas. Ya no puedes oírte vivir”. Así lo cuenta, así despliega Barnes las estancias del infierno con esa elegancia tan británica que consigue, si puede decirse así, pasar él mismo desapercibido. Y es que, seguramente, este libro no es una historia de Julian Barnes: es una historia de amor y es una historia de aflicción. Y como lo que va persiguiendo es algún tipo de sentido, despliega también a su manera un “espacio moral”. Por eso al principio la pista que nos daba aquel caballero antiguo, el físico Jacques Charles.

¿Qué es la literatura, en qué perimetros se maneja, qué tiene de legítimo y qué de fraudulento? En aquella novela sobre el loro de Flaubert, Barnes se dedicaba a construir varias caprichosas cronologías para situar el marco de su historia y armaba una de ellas con frases del escritor francés. En 1857, escribió por ejemplo: “Los libros no se hacen como los niños, sino como las pirámides, con un proyecto premeditado y amontonando grandes bloques los unos encima de los otros, a fuerza de riñones, de tiempo y de sudor. ¡Y no sirven de nada! ¡Y se quedan allí, en el desierto! Pero dominándolo de forma prodigiosa. Los chacales se mean en su base y los burgueses suben hasta su cúspide; continúa la comparación”.

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Corto Maltés en Zamora por J. J. Bueno Aguilar

Corto Maltés en Zamora por Juan José Bueno Aguilar

Corto Maltés estuvo en Zamora hace un siglo. Es un acontecimiento que muy pocos conocen aunque hay referencias que lo acreditan, como la de Hugo Pratt en las Célticas que registra su paso por Europa entre los años 1917 y 1918, que llega desde América del Sur en plena Guerra Mundial, desembarca en Irlanda y viene a España para luego ir a Francia.

Corto Maltés pernoctó tres noches en la casa del Cid-Palacio de Arias Gonzalo en julio del 1917, recién cumplidos los 30. Un viaje que le llevó desde Santiago de Compostela hasta Córdoba para visitar a su madre. En Santiago de Compostela estuvo indagando sobre las raíces célticas de ciertas runas que descubrió en Irlanda, pero eso es otra historia.

En este largo peregrinar, Corto Maltés acudió a Zamora para visitar tres lugares de los cuales había tenido cumplidas referencias en sus andanzas y peripecias, lo que le motivó para hacer este alto en el camino para conocerlos.

En primer lugar, quiso visitar la colección de tapices flamencos del siglo XV de la Catedral del Zamora, de manera singular los cuatro grandes paños dedicados a la Guerra de Troya en la que aparecía uno de sus antepasados, Ricardo de Cornualles. Según le habían contado, Ricardo se alistó como soldado mercenario en Flandes aunque pronto se desvió de sus intenciones guerreras por otras tareas más menesterosas de la vida burguesa. En Brusela, debido a su buen porte y ciertas galanterías, enamoró a la rica heredera de los talleres de tapices de Tournai.   Pero también Ricardo de Cornualles era amante del juego con la baraja española; tal era su afición que se dedicó a empeñar su pequeña fortuna en una apuesta con el maestro artesano de tapices Pasquier Grenier. La apuesta resultó simple, quién ganase debía complacer al otro. Ricardo solicitó por el triunfo que su rostro apareciese en uno de los lienzos del maestro; en caso contrario, debería casarse con una de las hijas de Pasquier. Ricardo de Cornualles, el antepasado de Corto Maltés, ganó, por lo cual su rostro aparece en el cuadrante inferior del paño de la Tienda de Aquiles durante la entrevista que mantienen Héctor y Aquiles con la presencia de Agamenón y Menelao. Lamentablemente este tapiz de la Tienda de Aquiles ahora está incompleto, pues en un incendio se perdió este cuadrante izquierdo según queda reflejado en los dibujos preparatorios de la serie conservados en el Louvre. Así pues, nuestro querido Corto Maltés no pudo contemplar la fisonomía de su antepasado Ricardo de Cornualles que diera origen a su linaje.

El segundo empeño que trajo a Corto Maltés a Zamora fue visitar la iglesia de la Magdalena para contemplar y admirar el sepulcro románico de una dama desconocida que se atribuye a la reina Doña Urraca de Portugal. Él alberga algunas sospechas porque es muy similar a otro enterramiento en la Scuole Grandi de Venecia que resulta ser también la sede de una fraternidad consagrada a Hypatia. Ambos enterramientos guardan especial similitud en las figuras de dos ángeles turiferarios y otros dos ángeles que surgen de las nubes para transportar al cielo el alma en forma de figurilla desnuda asomando sobre un lienzo custodio. La cobertura del mausoleo en ambos casos se halla rematada por torres y en sus laterales encontramos hornacinas trilobuladas en las que se esculpen parejas de dragones, arpías y leones. Los dos enterramientos se parecen como dos gotas de agua. Corto Maltés la recuerda perfectamente cuando permanecía frente a ella y la observaba en su periodo de formación con los Cabalistas cuando le hablaban de la Clavícula de Salomón.

Por último, la tercera jornada la dedicó a visitar los barrios zamoranos para descubrir las huellas de las 3 juderías que aún perduran por la ciudad. La judería de los barrios bajos que cuenta con la Cueva Árabe de la plaza de santa Lucía, en la descubrió una mikve, un baño ritual judío similar a las antiguas sinagogas que hay en Judea. Visitó la 2ª judería en el entorno de Santa María la Nueva, y en la 3ª judería situada en la plaza de San Sebastián que antiguamente albergaba la escuela de la Torá. En este último emplazamiento encontró dos libros muy valiosos, el Liber Mutus y las Tablas de Naacal que hablan de continentes perdidos y pueblos que venían de mundos lejanos. Esos dos libros los llevó a los Jardines de Melquisedec en Venecia.

Después, como relata en su último libro Corto Maltés dijo: “creo que ha pasado muchas cosas, pero no tengo muy claras las ideas, tal vez necesitaría empezar de nuevo. Pero, vámonos, querido amigo, tenemos que irnos de este lugar. Hemos tenido suerte” .

De esta forma el viaje de Corto Maltés a Zamora le resultó muy gratificante y valioso.

 

 

Original de Hugo Pratt

Noli me tangere

Noli me tangere (“no me toques” en latín) es un texto versículo 17 del capítulo 20 del Evangelio de San Juan,  las palabras que Jesucristo dirige a María Magdalena después de su resurreción. En el griego original la expresión es μὴ μoυ ἅπτoυ (mè mu haptu), que sugiere una acción que continúa en el tiempo; por lo que una posible traducción es también “no me retengas“.

Por supuesto, relacionada con la entrada de ayer: No me toques de Andrea Camilleri.

Pero sobre todo ha inspirado a muchos artistas a lo largo de la historia para recrear este momento tan singular.

Noli me tangere (1442). Fra Angélico. Convento de San Marcos. Florencia, Italia.

Noli me tangere, Tiziano (1512).  The National Gallery. London.

 

Amantes hasta después de la muerte III: Tristán e Isolda

Amantes hasta después de la muerte III: Tristán e Isolda

El origen de esta leyenda se remonta a un relato celta que describía el romance entre una princesa inglesa y un guerrero irlandés. Este marco le pareció el ideal a Richard Wagner para componer su famosa ópera (fruto del amor imposible del joven Wagner con Matilde Wesendok).

Tristán, hijo de Meliadus y Blancaflor, creció desconociendo quiénes eran sus padres, ya que murieron los dos, y fue educado por el fiel servidor de su madre. Él lo educó tanto en el manejo de las armas como en el arte, y el joven pronto aprendió a tocar muy bien el arpa. Cuando Tristán tuvo suficiente edad, salió en busca de aventuras, hasta que el destino lo llevó a las puertas del castillo del Rey Mark, en Cornualles. Allí se enteró de la verdadera historia de su linaje y fue recibido muy atentamente. Decidió vengar la muerte de su padre retando a combate a Morgan a quien terminó venciendo. Pero pronto un emisario del rey de Irlanda, Morold, llegó a la Corte del Rey Mark para cobrar sus exagerados impuestos. Tristán no pudo permitir esta injusticia, por lo que le retó a un combate. Tristán terminó por acabarlo, pero recibió una herida del arma envenenada de su contrincante que sólo podía curar la hermana de Morold, Isolda.

Tristán partió así hacia Irlanda para ser curado por la princesa Isolda, pero no dio a conocer su nombre, sino que se hizo pasar por un simple juglar que tocaba muy bien el arpa. Isolda y su madre le curaron su herida y Tristán pasó muchos días en la Corte con ellas. Isolda llegó a descubrir, durante estos días, la verdadera identidad de Tristán, el caballero que había dado muerte a su hermano. En un principio ella trató de matarlo mientras él dormía pero enseguida se arrepintió y lo perdonó. Pero Mark, el Rey de Cornualles le había ordenado a Tristán que pidiera la mano de la princesa Isolda en su nombre y se convierta en la reina de Cornualles. De modo que, para sorpresa de todos, Tristán pidió la mano de Isolda para Mark.

La madre de Isolda, al ver infeliz a su hija, hizo una pócima de amor para que Isolda y Mark la tomaran antes de casarse y de este modo se enamorarían. Pero durante el viaje en barco hacia la corte de Mark, Isolda y Tristán bebieron la pócima por equivocación y ellos fueron los que quedaron perdidamente enamorados. Sin embarago, decidieron separarse apenas llegaron a Cornualles. Tristán realizó muchas proezas y hazañas en nombre de Isolda hasta que fue mortalmente herido. Pero no quiso recibir la ayuda de Isolda, para no despertar las sospechas del rey Mark. Tristán fue informado de la existencia de otra curandera que vivía en Bretaña, también llamada Isolda. Hacia allí fue y le curó. Entonces ésta se enamoró de él. Tristán pensó que casándose con ella lograría olvidar a su amada Isolda, pero se equivocó. Así vivió infeliz durante algún tiempo, hasta durante un combate es herido por un golpe de lanza envenenada. Acuden muchos medicos, pero ninguno sabe curar el veneno y Tristán siente que su vida se pierde. Entonces, levantándose, dice a su fiel compañero que quisiera volver a ver por ultima vez a su Isolda, la de los cabellos rubios. Su compañero decide ayudarle. Convienen en que si consigue traerla, izará la vela blanca, pero si fracasa, izará la vela negra. Para desgracia de los amantes, la otra Isolda se entera de toda la conversación. Isolda la rubia es puesta al corriente de la situacion de salud de su amante,y no duda en darle consuelo con su presencia. Tristán cada día pide que se vigile el mar, y cuando Isolda la de Bretaña anuncia la llegada de la nave, miente y dice que la vela es negra. Entonces Tristán se deja morir. Cuando su amor, Isolda, llega y se entera de la desgracia, sube a sus aposentos, exhaló su último suspiro y murió sobre el cuerpo de su amado.

Los dos cuerpos fueron transportados a Cornualles, donde se enterraron por tumbas separadas, por orden del Rey Mark. Pero cuenta la leyenda que de la tumba del juglar nació una enredadera que, cruzando las paredes, descendía hasta la tumba de Isolda. La planta fue cortada dos veces por orden del Rey, pero insistía en crecer. Cuentan que una rosa y una vid crecen de las respectivas tumbas y se entrelazan.

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Amantes hasta después de la muerte II: Diego Marcilla e Isabel de Segura (Los amantes de Teruel)

Amantes hasta después de la muerte II: Diego Marcilla e Isabel de Segura (Los amantes de Teruel).

A principios del siglo XIII, viven en Teruel dos familias, probablemente hidalgas y, por lo que se sabe, en buena armonía. Mientras que los Segura disfrutaban de una posición económica acomodada, los Marcilla no parece que tuviesen tal suerte. Isabel de Segura, heredera de los primeros, y Diego Marcilla, segundón de la otra, eran dos jóvenes de parecida edad, se conocían desde niños, jugaron juntos y al llegar a la adolescencia cambiaron su amistad por un profundo amor. En su momento, de común acuerdo con su amada, el joven solicitó la mano de Isabel. D. Pedro de Segura, padre de la novia, se opuso tajantemente, alegando la falta de recursos de los Marcilla. Ante esta negativa, Diego Marcilla solicita de D. Pedro, un plazo de cinco años para intentar mejorar su suerte.

Estamos en el Aragón de la Reconquista, el poder almohade acaba de ser destrozado en forma definitiva en las Navas de Tolosa; ahora, el territorio controlado por los musulmanes aparece como presa fácil para el empuje cristiano, está al alcance de la mano de guerreros afortunados conseguir riqueza y honor. El tesón de los novios vence la inicial reticencia paterna y se consigue el acuerdo; de inmediato el joven se va a la guerra. Pasan los cinco años y Diego no regresa, ¿habrá muerto en el empeño? ¿será que olvidó su promesa?. La falta de noticias autoriza al padre de Isabel para, sin faltar a su palabra, concertar la boda de su hija con D. Pedro Fernández de Azagra, cuya familia es probablemente la más acaudalada y poderosa de la frontera. El día de la boda, un jinete cruza la muralla, extrañado por el alegre ambiente que reina en las calles, pregunta la causa y al oír la respuesta su rostro palidece, corre hacia la iglesia y llega a los pies del altar mayor justo a tiempo para escuchar la bendición del sacerdote a los recién casados. Se trata, como era de imaginar, de D. Diego, ahora rico y ennoblecido por su valor y decisión en el campo de batalla. Ante lo inevitable de su suerte, pide a Isabel un único beso de despedida; pero la reciente esposa, como ya pertenece a otro hombre, se lo niega y el infeliz enamorado cae muerto, fulminado a sus pies.

Al día siguiente, tienen lugar los funerales por Diego. En mitad de la ceremonia aparece una dama vestida de luto, que acercándose donde se expone al fallecido, le besa y a continuación cae muerta a su lado. Es Isabel, quien no ha podido sobrevivir a aquella única prueba de amor.

Las tres familias afectadas deciden enterrarlos juntos, en la nave de la misma iglesia donde ha culminado la tragedia.

¿Leyenda o realidad? Es difícil responder. Los numerosos estudios parecen alimentar la segunda hipótesis. Existe un acta notarial fechada en 1619 que atestiguan una exhumación realizada en 1555 durante unas obras en la iglesia de San Pedro. Enterrados bajo el pavimento aparecen los cadáveres de un varón y una mujer, que son los restos que ahora reposan bajo el mausoleo de Juan de Ávalos. Los resultados de los análisis realizados en el año 2004 corroboran el origen medieval, aunque con ciertas discrepancias según las diferentes muestras. Mientras que algunas apuntan a 1260 como antigüedad máxima, con un margen de error de unos cuarenta años, en buena armonía con la fecha de 1217, donde varias crónicas sitúan los hechos; otras las datan entre los siglos XIV y XV. Una plausible explicación sería la posible contaminación con otras fuentes ocurridas durante algún traslado o levantamiento no registrado. Parece cierto que al descubrirse los cadáveres, de inmediato fueron atribuidos a Los Amantes de Teruel.

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Procrastinación

Descubrí esta palabra en el libro Donde los escorpiones de Lorenzo Silva y me ha dejado muy sorprendido. Procrastinación.

La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.
Se trata de un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), físico (como el que se experimenta durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente sin tener una fuerza de voluntad para concluirla. El acto que se pospone puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante, por lo cual se autojustifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, en que lo importante es supeditado a lo urgente.

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Nabil (reeditado)

Nabil (*)

Nabil muestra el pelo ensortijado que lo hace más joven y alegre que la edad que tiene. Siempre habla muy deprisa con sus ojos negros. Se expresa con tal seguridad que tienes que creer cada palabra que dice porque es persuasiva y subyugante. Nabil es un raro seductor con la palabra, a pesar de comunicarse en un idioma diferente al suyo propio. Le observo atentamente mientras habla y descubro que entre sus manos atesora su único equipaje. Un pequeño libro envuelto en un ajustado estuche con cremallera. La palidez del estuche azul desgastada por el uso me recuerda aquellos plumiers que abríamos cientos de veces cuando éramos niños, que al final acababan rompiéndose; el mío recuerdo que era de un color rojo intenso, también recuerdo que siempre me gustó aquel estuche para las pinturas Alpino porque me permitía esconder mis grandes secretos. Ahora me pregunto si los niños y las niñas utilizan aquellas pinturas Alpino para dar color a sus mundos de fantasías; aunque supongo que en la actualidad utilizarán otras. Vuelvo de estos recuerdos lejanos y me encuentro de nuevo hablando con Nabil de algunas pequeñas cosas que poco a poco se van convirtiendo en más trascendentes. Casi de repente, al hilo de la conversación, me muestra que este pequeño estuche contiene “su” Corán. Me dice que yo no puedo tocarlo porque no estoy purificado, lo cual me sorprende de nuevo por su certeza y por la afirmación tan categórica que manifiesta, incluso en compañía de un extraño. Trato de entender la convicción de sus palabras que transmiten su peculiar sensibilidad, sus creencias y cierto pudor. Con todo lo que está ocurriendo ahora me doy cuenta de que las palabras tienen un significado: algunos objetos conservan un rito en sí mismos, a los que se debe estar muy atentos para descubrirlo. Los pensamientos fluyen libremente, así me resulta inconcebible pensar en una actriz o en un actor que cambiase todos los días sus objetos para la escena que repite cada día, se haría un verdadero lío, perdería la concentración y sería un desastre. Así los objetos, las pequeñas cosas, nuestros libros, aquel bolígrafo que utilizamos para los exámenes que nos trae suerte, la carta que nos envió ella y que conserva aún su perfume,… y tantas pequeñas cosas que son tan importantes para cada uno de nosotros, pero a medida que discurren los días y la vorágine de nuestra cotidianeidad pierden un poquito el valor que realmente poseen. Ya sé que este pequeño Corán es un objeto religioso que puede tener múltiples connotaciones. Lo que de verdad me importa es cómo Nabil lo carga de sentido y significación, para él es algo muy importante, mientras que para mí u otra persona es tan sólo un Corán como otro cualquiera. Me gusta percibir cómo para algunas personas los objetos pueden tener alma (no quiero caer en el panteismo o en el animismo), pera las cosas pueden tener un significado y un sentido especial. Algunas veces yo me apego mucho a las cosas porque me recuerdan a personas concretas, ciertos viajes o momentos entrañables. Para mí, ese objeto ya no es el mismo a aquel otro similar comprado en la misma tienda, resulta algo distinto, le tengo un cariño especial. No lo puedo evitar.

Podría continuar reflexionando sobre algunas ideas de religión o sobre el islamismo, como seguí dialogando con Nabil, pero ya hablaré de ello en otro momento a solas contigo.

(*) Todos estos relatos han sido revisados y corregidos algunos matices en esta segunda versión.

Publicado el 2 de noviembre 2012.

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Relatos para continuarlos 13º. Uno entre monjes

El monasterio de Santo Domingo estaba repleto todos los fines de semana por personas que buscaban la tranquilidad en estos tiempos de tribulación y escalofríos.Los monjes estaban ya acostumbrados a estos trajines habituales, pero la vida semanal era otra cosa bien distinta, apenas una o dos personas se sumaban a sus quehaceres cotidianos. 

Entre todos ellos les empezó a llamar la atención un inquilino habitual que ya llevaba 4 meses con ellos compartiendo todos los oficios. La rutina diaria es siempre la misma: vigilias de 4.00 a 5.15, seguidas del desayuno. Después los laudes de 6.00 a 9.00, trabajo de 9.00 a 12.40 y luego un almuerzo rápido y frugal. Los monjes trabajan hasta las vísperas, a las 17.50, toman una cena ligera a las 18:20 y rezan las completas a las 19.30. Después se acuestan.

Algunos monjes piensan que él es un ejecutivo en horas bajas, otros piensan que es un espía a la espera de su nuevo trabajo, hay quién piensa que es un escritor en busca de inspiración, otros un depresivo sin fuerzas, o alguien buscando la espiritualidad perdida, a otros les sorprende lo participativo que está en las tareas diarias, … , lo único cierto es que su estancia continúa sine die.

Nadie sabe nada, y todos tienen un interrogante sobre él.

  

Relatos para CONTINUARLOS 12º. Pensión

He tenido que cerrar la pensión después de muchos años regentándola. Por aquí han pasado muchas generaciones de estudiantes y algunos desvalidos de la vida, incluso algún escritor buscando inspiración. Pero ya soy muy mayor. No me encuentro con el ánimo para levantarme cada mañana y organizar cada uno de los pequeños menesteres que se requieren, dar rienda suelta la cotidianidad o solucionar mil y un problemas. Ahora tan sólo tengo una pena muy honda, o una pequeña preocupación, por los dos viejecitos que vienen todos los jueves por la tarde a pasar la noche. Una celebración mucho más intensa que esos famosos jueves noche de los universitarios. Ahora no sé lo que harán, pero estoy seguro que allí donde estén continuarán con su ritual, o no, ¿quién sabe?

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Relatos para CONTINUARLOS 11º. Una mirada

Hay veces que una mirada nos interroga más que la palabra.

Tras esta mirada limpia y diáfana, aparecen muchas cuestiones relevantes y pertinentes.

Tan sólo debemos atender a esta mirada para tratar de entender un poco lo que aquí acontence, qué hay detrás y quiénes están con ella. Los trenes, ¿a dónde van? y un sín fin de cuestiones más.

Resulta fácil quedarse prendado de esta carita de niña con el ceño fruncido, pero múcho más de la vida que sugiere, todo lo que ha vivido y aún le queda por vivir; de esa energía vital que desprende; de un futuro incierto por delante. La resiliencia.

Son miradas que te abren el corazón y no te dejan en la indiferencia.

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Relatos para CONTINUARLOS 10º. O pasamento dun can

Sempre que vexo un can recordo o meu can que fai uns anos que xa non está con nos.
Naceu coma unha boliña de neve, branca con ollos grandes que aloumiñaban a súa pequena face sempre divertida e alegre. Apenas tiña uns días e xa movía o seu cú desvergoñado. Mirábache como dicindo, mira que ben me movo; pero pouco despois daba un pequeno traspé e arrebuxábase coma unha bolboreta.
Un día, paseando polas Fragas do Eume perdímolo e por máis que buscamos non o atopamos por ningures. Incluso voltamos durante días e non fumos capaces de dar con él.
Pasado o tempo, anos despois, volvimos a verlo nunha finca duns coñecidos, amigos duns amigos. E vímolo. Nos contaron que atopárono como un can vagabundo que pensaron que sería abandonado por alguén. Recoñecímosnos, aínda o tempo pasou.
Hoxe entereime do seu pasamento.

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Relatos para CONTINUARLOS 9º. A dónde

Hola.

Buenas noches.

¿Qué haces?

Tratar de dormir.

Yo estoy muy despierto.

Es muy tarde.

Ya lo sé.  Te quería decir algo.

No me interesa, quizás mañana.

Tiene que ser ahora.

No es el momento adecuado. Las cosas se ven de otra manera con la luz del día.

Me da igual, tiene que ser ahora porque mañana no estaré.

¿A dónde vas a ir?

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Relatos para CONTINUARLOS 8º. Segundos

Segundo es una palabra muy polisémica, hasta poliédrica.

Hoy me decanto (qué palabra tan bonita) por los segundos pisos.

Cuando vas por las calles apenas levantamos la mirada del suelo o miramos lo que tenemos delante. Algunas veces, de manera excepcional, alzamos la vista y vemos los primeros pisos de las casas que están próximos a nuestra mirada de miope, podemos incluso adentrarnos por algunas ventanas y visumbras los salones, algunas lámparas o matices de la decoración. Pero nunca nuestra mirada sube más arriba. En los segundos pisos está el misterio y algo desconocido. Allí viven personas que nos miran tras las cortinas con ánimo de no ser vistas. Algunos segundos tienen un aire de cierta superioridad al obsevar el mundo desde arriba, intentando controlar y no ser controlados. En el segundo piso vive un amigo que siempre tiene algo que esconder. En el segundo vivía aquella chica de quien te deberías haber enamorado y ya no sabes dónde está. También viven allí aquellos que no tienen nada que hacer y se aislan del mundo. En el segundo está el vecino que nunca has visto y mantiene las ventanas echadas, pero sabes que viene todas las noches a dormir. En el segundo habita el dueño del perro que se aleja cuando llegas al portal y nunca sube por el ascensor. En el segundo mora la esperanza de encontrar algo. Todos viven en el segundo.

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Relatos para CONTINUARLOS 7º. Tusitala

Todo el mundo sabe quien es Tusitala, lo que muy pocos conocen es que Tusitala fue mucho anterior a Robert Louis Stevenson. A RLS le pusieron este nombre en homenaje a él, y él siempre lo llevó con dignidad. RLS que era un amante contador de historias, y se guardó esta para sí mismo.

Tusitala, el que cuenta historias.

Eso de repetir nombres solo sirve para hacer comparaciones. Al final no sabes cuál es el original y cuál la copia.

Tusitala, el original y no la copia, había nacido al principio de los tiempos y siempre tuvo el sueño de conocer lo escondido, lo que estaba más allá, lo que era arkano, las luces y las sombras, todo lo cual le llevó a emprender un largo viaje hasta alcanzar lo que hoy conocemos como Australia, pero en aquel tiempo tan remoto tan sólo era la Gran Isla. 

Al llegar a la Gran Isla, no se conformó tan sólo en llegar, sino que se adentró en la tierra y tardó semanas en encontrar a un humano, pero no le importaba porque sabía que tendría que llegar a este lugar único. En efecto, llego hasta allí y conoció a la serpiente del arco iris.

  

Relatos para CONTINUARLOS 6º. Marouane

Marouane estaba sentado en una piedra y contemplaba el desastre que había causado la tormenta de viento y arena en sus escasas pertenencias. Él había sobrevivido casi de milagro, pero se había enterado que su vecino Marjal había muerto. Otros convecinos miraban desazonados todo lo que tendrían que hacer para recuperar la normalidad.
Marouane estaba ya cansado que año tras año tuviese que rehacer con mimo todo lo que destrozaba la naturaleza, o por decir mejor, la Fuerza de la naturaleza. Pensó que hasta aquí hemos llegado, que era descorazonador vivir así y debía emprender algo diferente. Había oído historias de personas que se habían encaminado en un largo recorrido por encontrar un futuro mejor en la capital o muy lejos por Europa, pero muchos se habían perdido por el camino y los que habían logrado volver tenían una mirada tan triste que no los reconocía por más que dijesen las bondades de allí. Él había nacido aquí y tendría que encontrar la solución aquí.
Se dio unos segundos más para contemplar el desastre, se levantó, recogió su camisa y empezó a ordenar las cosas pensando que mañana será otro día.
Por el camino vio acercarse a su tocayo Marouane y pensó que a veces el viento se levanta, hay que intentar vivir.

(Este relato lo escribí hace más de un mes, pero me parece muy pertinente para los días que estamos viviendo).

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Relatos para CONTINUARLOS 5º. Zapato rosa de otoño

La noche empezó con grandes expectativas, con nuestras mejores galas, pero todo se torció en un momento inesperado, allá por las cinco de la mañana. Estaba bailando y saltando, todo el mundo me miraba hasta que mi gemelo se rompió. Recuerdo que estábamos en Caballo Negro que era el local de moda en esta pequeña ciudad. Sólo oía gritos y risas a mi alrededor. Siempre había estado al lado de mi gemelo y era la primera vez que nos separaban con tal exabrupto. Yo no había sufrido ningún daño pero notaba la tensión a mi alrededor. No me movía con ese ritmo grácil que sólo ella sabía darnos, ahora todo era como violento y sin ninguna gracia. Me cogió con una mano y estuve un buen rato al lado de una copa que tardó mucho en beberse. Trataba por todos los medios de encontrar a mi gemelo, pero no lo descubrí por ningún sitio. Cada vez me estaba poniendo más nervioso; alejado de él, sabía que nada bueno podía ocurrir. Ella continuaba hablando sin preocuparse para nada de mí. Pensaba que era más importante para ella, pero estaba visto que no era así. Cuando salimos de la discoteca ella caminaba descalza y me arrojó al borde de un árbol sin tan siquiera mirarme. No pensaba que pudiera sentirme tan despreciado.

Ahora estoy aquí y me parece que nunca más volveré a tener aquellos días felices de antaño.

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Relatos para CONTINUARLOS. 4º Mi primera bicicleta

Aún recuerdo con emoción el regalo de mi primera bicicleta. La recuerdo perfectamente, era verde clara. Yo debía tener 6 o 7 años. Me resulta muy agradable rememorar todas las correrías y aventuras que compartimos; tambien todas las bicis que le siguieron, que incluso me llevaron por múltiples rutas por toda Europa y por aquí. Aún así, la especial siempre ha sido aquella primera bicicleta verde que me trajeron los Reyes Magos. Por eso me produce una gran emoción ver los primeros pedaleos de mi hija aprendiendo a montar en su pequeña bici; y yo enseñándole. Corro detrás de ella para que no se caiga, aunque inevitablemente se caerá muchas veces. Mantener el equilibrio sobre dos ruedas le abre infinitas puertas inimaginables y me pregunto ¿a dónde le llevarán sus rutas en bicicleta? ¿Qué aventuras tendrá? ¿Le gustará tanto la bici como a nosotros? ¿La utilizará por placer, cómo ocio o en el trabajo? ¿Será prudente o temeraria? ¿Le gustará la velocidad o irá tranquila? ¿Qué será lo que más le gusté de andar en bici? … Muchas preguntas aún sin respuesta pero que algún día la tendrán.
Hoy sí que es un relato para continuar.

Para Flor, Miren, Gotxone, Fede y Jesús Mari.

  
  

Relatos para CONTINUARLOS. 3º Así lo he visto hoy

Todos los días salían a pasear por la tarde a la misma hora. Nunca se hablaban por el camino de a penas una hora, siempre uno por delante y otro por detrás, en silencio. Ni siquiera se miraban ya. Era la rutina diaria de las siete quince. Estaban solos desde hace tres años cuando la madre los dejó después de una rápida enfermedad. La hermana no quería saber nada de ellos, por eso inició una nueva vida en una ciudades cercana.

Los dos vivían juntos, padre e hijo, pero apenas se soportaban. Cada uno era el reflejo claro del fracaso del otro.

Hoy había sido distinto porque por el camino se han encontrado una chica joven con aire desenfadado que ni siquiera los miró. Juan, el hijo desaliñado la miró y se percató de su ánimo decidido que le hizo recordar sus años de adolescente cuando todos los sueños parecía que se cumplirían al verano siguiente, pero la desidia los iba posponiendo. Incluso la carrera de biológicas que empezó fue un estrepitoso desastre.
Hoy sabían que se iniciaba su nueva vida, aunque desconocían el porqué.

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Relatos para CONTINUARLOS 2º. La Paloma y la fuente

Debo decir como declaración de principios que no me gustan las palomas. Reconozco que tienen mucha literatura a su favor, pero no me gustan las palomas, salvo aquellas que me producen tristeza porque están mutiladas. Quizás por esta razón, me sorprendió aún más lo que veía desde mi ventanal.
Todas las tardes, cuando se ponía el sol, captó mi atención una Paloma que se colocaba en la cúspide de la fuente y hacia unas ligeras abluciones, contemplaba la plaza detenidamente y emprendía de nuevo el vuelo.

No le hubiese dado mayor importancia si fuese la primera vez que lo veía, pero llevaba una semana enfermo en casa, y a esa hora que sube la fiebre, me ponía en el sillón y contemplaba la plaza. Así es como me percaté que todos los días, a la misma hora, y casi me atrevería a decir que en el mismo minuto, se acercaba a la fuente la Paloma.

Al cabo de una semana, me descubrí a mi mismo esperando que llegase la Paloma, que acudía puntual. Los días siguientes siempre llegaba a su cita con la fuente, y ahora conmigo.

Después de tres semanas, la enfermedad parecía que iba a ser larga, ya era una de las rutinas más importantes en mi vida, esperar la llegada de la Paloma. Así empecé a preguntarme porqué la Paloma acudía de esta manera puntual a su cita con la fuente, siempre a la misma hora. Qué hacia todos los días antes de llegar hasta aquí. Dónde dormía. Por qué llegaba siempre sola. Por qué esta fuente y no otra. Cuánto tiempo llevaba viniendo. Por qué …… 

Ahora la estoy contemplando, y me surgen las mismas preguntas con la pareja que se está besando junto al magnolio.

  

Relatos para CONTINUARLOS 1º. La princesa de un país muy lejano.

Érase una vez un país muy, pero que muy lejano, donde no llegaba el viento y las sombras tenían que anochecer. En aquel país vivía una princesa que siempre estaba contenta porque todos los suyos la querían y estaban pendientes de ella. Cantaba y reía con sus amigos y contagiaba su felicidad por doquier. Había un equilibrio armonioso en todos los rincones. 
Pero no siempre fue así.

Ella había nacido aún más lejos de este lejano país, casi se podría decir que nació más cerca por poniente que por levante. En cualquier caso, su madre la llevó a nacer allí porque tenía temor de lo que le podrían hacer a su hija unos seres que le habían lanzado una maldición de sangre. Por esta razón, su madre se fue del reino en busca de una mayor tranquilidad; se dirigió a sus orígenes, de donde ella procedía.

Después de unas largas jornadas consiguió llegar a su destino. Cuando llegó allí, muy pocos la recordaban porque se marchó muy joven. Algunos hablaban de ella como una leyenda por su proverbial belleza. Muy pocos la habían visto de niña o de joven; siempre estuvo muy protegida por su familia porque eran muy conscientes de su hermosura y temían por ella, por todo lo malo que le podría pasar.

Se encaminó a su casa que llevaba muchos años cerrada, aunque unos guardeses se encargaban de que estuviese siempre disponible “por sí acaso”. La reina llegó sin séquito, tan sólo acompañada por su fiel Jorah que velaba por sus quehaceres y por sus sueños. Ella estaba en el séptimo mes de embarazo y cada vez tenía más dificultades para moverse, así que nada más llegar, se recostó bajo el viejo castaño y se quedó dormida.

……

(Hace un mes en España)

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