Padre no hay más que uno de Santiago Segura

Padre no hay más que uno de Santiago Segura es una divertidíisma película familiar que te hace sonreir todo el tiempo sobre cómo se plantean unas situaciones cotidianas; además, las niñas y el niño están fantásticos. Me divertí mucho y aconsejo verla en familia.

Javier es lo que hemos bautizado como un “marido-cuñao”. Ese que sin ocuparse en absoluto de lo que supone el cuidado de la casa y de los niños, sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer, y que continuamente regala a su mujer frases del tipo: “Es que no te organizas”, o “no te pongas nerviosa”, ya que considera que su desbordada mujer se ahoga en un vaso de agua. Javier tendrá que enfrentarse a la realidad que supone bregar con cinco hijos (de entre cuatro y doce años) cuando su mujer decide irse de viaje y dejarle solo con ellos. La caótica situación que se provoca en casa evolucionará de forma progresivamente cómica hasta el desastre más absoluto, pero a la vez les dará la oportunidad a padre e hijos de conocerse y disfrutarse por primera vez. Una experiencia que cambiará sus vidas para siempre.

El heredero de Jo Nesbø

El heredero de Jo Nesbø es otro libro muy interesante de este autor noruego que siempre discurre, o discurren sus personajes, por terrenos poco comunes y siempre en la frontera. Aquí lo vuelve a hacer y te atrapa con una historia de múltiples focos y vertientes. Una violenta historia de venganza ambientada en ambientes carcelarios y los bajos fondos de Oslo. Jo Nesbø aparca su aclamada serie «Harry Hole» para ofrecernos una novela independiente y trepidante.

Media vida en la cárcel. La carrera delictiva de Sonny Lofthus empezó al morir su padre, un policía corrupto. Aparcó entonces su brillante porvenir para abrazar el crimen organizado. El precio que cobra ahora por cumplir condena en silencio es el acceso a mercancías que entran en la prisión de alta seguridad de Staten. Los reclusos también ven en él a una figura sanadora, es su más íntimo confesor.

Le han mentido toda la vida. Hay montada una formidable espiral de corrupción en torno a Sonny que lo mantiene narcotizado. Pero cuando descubre la verdad sobre el suicidio de su padre y los interrogantes que nunca se cerraron, buscará la manera de salir de Staten.

Tras fugarse, solo desea venganza. Sabe demasiado sobre demasiada gente. Perseguirá a quienes causaron la caída de su padre, sin descanso, desde los bajos fondos a las altas esferas policiales. Pero a él también lo persiguen demasiados enemigos. Son dos las preguntas: quién lo alcanzará primero y qué hará él cuando se vea acorralado.

La liebre que se burló de nosotros de Andrea Camilleri

La liebre que se burló de nosotros de Andrea Camilleri es un delicioso libro, no sólo para niños, de este gran autor que me tiene encandilado y nos acaba de dejar. En este libro demuestra lo gran escritor que es y no sólo de las historias de Salvo Montalvano. Aquí nos recrea situaciones vividas por él o próximas en las que los animales se comportan como animales y no humanizados como nos quieren hacer creer desde muchas instancias. Todos y cada uno de los relatos son deliciosos.

Si realmente un día logramos saber qué opinión tienen de nosotros los animales, estoy seguro de que no nos quedará más remedio que desaparecer de la faz del planeta, cubiertos de vergüenza. Suponiendo que, dentro de cincuenta años, los hombres todavía sean capaces de cobijar tal sentimiento. Yo, afortunadamente, ya no estaré. Pero quisiera que algún bisnieto mío entregara a los animales una copia de este librito para que pudieran tener de mí, y de muchísimos otros como yo, una opinión, ni que fuese ligeramente, distinta.

Aquí un pequeño regalo, pero hay más:

PRÓLOGO LOS HOMBRES Y LOS ANIMALES

Tiene razón Andrea Camilleri, autor de este libro, cuando en la nota final expresa el temor a que, en el futuro, una máquina nos permita conocer la opinión de los animales acerca de los hombres. No hace falta ser muy imaginativo para pronosticar que dicha opinión será negativa.

Acaso podamos atribuirle una parte de nuestra culpa a la Naturaleza por haber incluido nuestra especie entre las muchas que se alimentan de carne y pescado. Sin embargo, esta circunstancia apenas alcanza a explicar una parte de nuestra relación con los animales. Porque lo cierto es que el ser humano destruye el espacio natural de estos, sin perdonar las selvas remotas ni los fondos marinos, y no falta quien los maltrata, sirviéndose incluso de ellos para espectáculos públicos en los que a menudo se ejerce la crueldad con fines de entretenimiento.

Los doce cuentos reunidos en este volumen bajo el título de La liebre que se burló de nosotros nos muestran que es posible una relación distinta, más respetuosa y armónica, con la fauna de nuestro entorno.

Andrea Camilleri los escribió con un lenguaje fácilmente comprensible, pensando en sus bisnietas y, de paso, en cualquier niño y adulto aficionado a la lectura. En todos los cuentos, las personas y los animales comparten protagonismo en un ámbito a menudo familiar. Son historias, recuerdos, episodios, que ocurren en el país del autor, Italia, dentro de la casa o en parajes campestres localizables en el mapa: Sicilia, la Toscana, etc.

Conviene precisar que Andrea Camilleri no puebla sus cuentos con criaturas propias de las fábulas. Por las páginas de este libro no deambulan dragones ni animales fantásticos; antes al contrario, gatos y perros, cerdos y aves y otras especies con las que cualquiera de nosotros está familiarizado desde una edad temprana.

Estos animales, a veces domésticos, a veces silvestres, no se comportan como seres humanos. No hablan, ni conducen automóviles, ni llevan sombrero. Y como no están personalizados, distan de simbolizar valores morales establecidos por la lógica humana. El autor no los ha incorporado a sus historias para que representen el bien o el mal. Son, pues, idénticos a los animales que conocemos fuera de la literatura. Son hermosos, a veces sagaces, con frecuencia ágiles, capaces incluso de la lealtad y el agradecimiento instintivos.

Si llevan nombre es porque se lo han puesto sus dueños. Si viven dentro de una casa es porque los han domesticado. Son, simplemente, animales; provistos, eso sí, de cierto grado de sensibilidad que en ciertas situaciones les permite comunicarse de forma rudimentaria con las personas. Así el gato llamado El Barón, que muestra claro afecto por una de las hijas del autor, o el papagayo capaz de imitar la voz del propio Camilleri. Encontraremos incluso un grupo de cerdos a los que una borrachera fortuita inducirá a sumarse a un banquete de personas que saldrán huyendo espantadas. En todos los casos, las narraciones permanecen en el plano de la realidad, de manera que todo lo que se cuenta en ellas podría haberles sucedido a los lectores.

La liebre que se burló de nosotros entra de lleno en la categoría de libros que merecen el calificativo de deliciosos. Uno percibe ternura y bondad en el tono afable del narrador. Sus historias, variadas y sorprendentes, tienen la virtud de la amenidad. Pero más allá de los buenos ratos de lectura que nos puedan deparar, apelan directamente a nuestra conciencia, invitándonos a conocer más de cerca a los animales y a mirarlos con ojos distintos de los del depredador. A mirarlos, en definitiva, con un cariño que beneficiaría tanto a los animales como a las personas.

Fernando Aramburu

LA LIEBRE QUE SE BURLÓ DE NOSOTROS

No sé, y no me lo aclara el diccionario, si el macho de la liebre es el liebre, como escribo yo.

En nuestra región, al macho de la liebre se le llama «u lebru» y yo por comodidad seguiré llamándolo así, aunque adaptándolo.

Las liebres son animales preciosos.

De orejas alargadas, enormes ojos, pelaje gris que tiende al pardo, cola corta, no solo son muy veloces sino también grandes saltadoras gracias a sus largas patas posteriores.

Al contrario de los conejos, las liebres rara mente se esconden en madrigueras. Prefieren ocultarse detrás de arbustos, de matas de sorgo, de cúmulos de piedras. Para descubrirlas o hacerlas salir de su escondite, se requieren perros adiestrados que las detecten con el olfato.

En cuanto advierten su presencia, los perros de caza permanecen quietos en la posición característica de acecho, con el hocico tendido hacia delante, el rabo alineado con la punta de la nariz, la pata izquierda ligeramente levantada.

El cazador debe ser rápido de reflejos porque la liebre, apenas percibe el peligro, sale disparada de su escondrijo y huye a una velocidad increíble.

Tengo que hacer un apunte importante.

Todas las liebres, cuando reciben un disparo mortal, en vez de caer inmediatamente de lado como los conejos, ejecutan una voltereta perfecta en el aire. Por consiguiente, la voltereta significa para los cazadores, pero también
para los perros, que la liebre ha sido herida de muerte con toda seguridad.

Aquel día por la mañana, éramos tres, mi padre, un amigo también cazador y yo, íbamos en busca de alondras y por eso no nos acompañaban los perros.

Subíamos en fila india por un sendero que conducía a la cima de una colina y llevábamos escopetas de dos cañones cargadas pero abiertas y apoyadas en el brazo. Yo era el último de la fila.

De repente, el amigo cazador puso el pie sobre una piedra que le hizo perder el equilibrio.

Mientras se tambaleaba, la piedra salió disparada y fue a parar a una mata de sorgo un poco más abajo de donde estábamos. Mi padre, que había oído los improperios del compañero, se giró para ver lo que sucedía a sus espaldas y, en aquel momento, una liebre salió saltando de la mata de sorgo.

O mejor dicho, era un liebre, se adivinaba por su gran tamaño y su pelaje gris blanco.

En un gesto fulminante, mi padre cerró la escopeta, se la apoyó al hombro, apuntó, disparó y erró el blanco.

El liebre, al llegar al llano, cogió velocidad.

Mi padre volvió a apuntar y efectuó un segundo disparo.

Esta vez acertó de pleno, porque el animal saltó por los aires, ejecutó una voltereta, cayó en el suelo boca arriba y se quedó tieso.

—Ve a cogerlo —me ordenó mi padre. Me tocaba a mí hacer aquella caminata, puesto que yo era el más joven.

Deshice el sendero cuesta abajo y, cuando llegué al pie de la colina, me di cuenta de que no lograba ver el liebre entre la hierba del llano. Mientras tanto, mi padre y su compañero habían seguido subiendo.

Los avisé a gritos.

—¡No veo dónde está el liebre!

Mi padre me dio como punto de referencia un árbol descortezado, seguramente lo había alcanzado un rayo.

—Ahora voy, pero esperadme.

Me dirigí hacia el árbol.

Y finalmente encontré el liebre muerto. Me acerqué, lo miré.

Era el liebre más grande que había visto nunca, debía de ser muy viejo. Estaba tendido sobre la espalda en la inmovilidad de la muerte, con las patas como entumecidas, los ojos cerrados.

Me agaché, lo agarré por las patas posteriores. Y en aquel momento el liebre abrió los ojos, se contorsionó, coceó, se me escurrió de las manos, volvió a ponerse a cuatro patas y huyó como un rayo, dejándome boquiabierto.

Pude ver claramente que ni siquiera lo habían rozado los disparos.

¿Cuántos compañeros suyos había visto morir cazados, en su larga vida, para lograr imitar perfectamente su muerte?

Y, en efecto, cuando volví, mi padre me dijo:

—¿Sabes qué? Podía haber disparado desde aquí, pero no he podido hacerlo porque estabas tú en medio.

Pero eso también lo sabía perfectamente el liebre, pensé.

PIMPIGALLO Y EL JILGUERO

Era una preciosa mañana de finales de julio y yo, en la casa de campo de la Toscana, estaba sentado en una tumbona mirando, con unos binóculos, el vaivén y las maniobras de un avión, un hidroavión, que intentaba apagar un gran incendio lejano vertiendo una enorme cantidad de agua.

Cuando hice un movimiento con las piernas, mi hija, que estaba sentada a mi lado, me dijo en voz baja «que, si me levantaba, vigilara dónde ponía los pies».

—¿Por qué?

—Desde hace un cuarto de hora, hay un pequeño jilguero entre tus zapatos.

Me eché a un lado para verlo.

Era un pajarito de colores preciosos. Se estaba quieto, no buscaba comida entre la hierba, era como si se sintiera protegido al estar casi pegado a mí.

Me di cuenta de que giraba la cabecita mirando a su alrededor, sin saber cómo comportarse.

—Cógelo —dijo mi hija.

Bastaba con alargar el brazo.

Pero no lo hice, no me gusta tener pájaros enjaulados.

Llegó la hora del almuerzo.

Me levanté con cuidado, porque el pequeño jilguero seguía ahí inmóvil, y entré en casa. Después de comer, fui a echarle un vistazo. No se había movido. Me eché una siestecilla como de costumbre y, al despertarme, volví a encontrarme al jilguero, que no se había movido ni medio metro.

Entonces comprendí su drama.

Tras huir de la jaula, ignoraba cómo comportarse en la inesperada libertad, no sabía cómo conseguir agua y comida.

¿Qué podía hacer?

Debí doblegarme ante la evidencia.

Mi hija se apresuró a ir al pueblo a comprar lo necesario y, cuando volvió, lo que hice fue agacharme, cogerlo y meterlo en la nueva y espaciosa jaula que ya contenía agua y pienso.

Una vez dentro, el jilguero se abalanzó sobre la comida y la bebida, moviéndose con ligereza. Entre aquellos barrotes enseguida se había sentido a sus anchas.

Al volver a la ciudad, de día poníamos la jaula en la terraza, colgada de un clavo. Por la noche la entrábamos en el piso y la dejábamos encima de un mueble alto de la cocina, a salvo de ataques gatunos.

El pequeño jilguero cantaba de lo lindo, algunas veces nos sorprendía con sus variaciones fantasiosas.

De la limpieza matutina de la jaula se encargaba mi suegra.

Al cabo de más o menos un año de convivencia con el jilguero, una noche mi hija salió a la terraza para entrar la jaula, pero volvió enseguida, perpleja y con las manos vacías.

—Papá, encima de la jaula se ha posado otro pájaro que no quiere huir. Ven a verlo. Era un pequeño papagayo que se agarraba a los barrotes del techo de la jaula. El jilguero estaba más bien agitado, se había acurrucado en un rincón, lo miraba desde abajo y parecía que no le gustara la visita.

—¡Vete!

El papagayo giró la cabeza hacia mí como preguntándome:

—¿Y adónde quieres que vaya?

Entendí que él también debía de ser un evadido arrepentido de la fuga. Al ver una jaula, había ido a posarse encima con la esperanza de saciar su sed y su hambre.

No se movió cuando descolgué la jaula, tampoco se movió cuando la dejé sobre la mesa de la cocina.

Tras expulsar a los dos gatos y cerrar la puerta, finalmente logré desenganchar al papagayo.

Con la ayuda de mi hija, llenamos dos platitos de agua y pienso, se los pusimos delante y salimos cerrando la puerta con cuidado.

Antes de ir a la cama, volví a ver cómo estaban las cosas. El papagayo, ya saciado, estaba tan feliz encima de la jaula del jilguero.

A la mañana siguiente compré otra jaula y clavé un segundo clavo en la pared de la terraza, a poca distancia del primero.

Encima del mueble de la cocina había espacio para dos jaulas, una al lado de otra.

Decidí encargarme yo de la limpieza matutina del papagayo.

Cada día, mientras le ponía agua fresca y pienso nuevo, le hablaba. Lo llamaba Pimpigallo y a menudo usaba el diminutivo Pimpi.

—Pimpi, saluda a tu amigo. Dile: hola, jilguerito, ¿cómo estás? ¡Qué mala vida que llevamos en la jaula, maldita sea!

Una mañana, mientras le hablaba desde muy cerca de la jaula, adoptó una postura curiosa. Se puso al revés, con la cola hacia arriba y la cabeza hacia abajo, metida entre dos barrotes, sacando el pico para fuera, casi en contacto con mis labios.

Desde entonces, en cuanto me veía, se ponía así y yo le hablaba.

El pequeño jilguero, cuando se fue acostumbrando a la presencia del compañero, reanudó el canto, tras un periodo de silencio debido evidentemente al fastidio que le provocaba la proximidad con el otro pájaro.

Pasó un tiempo.

Una tarde, mientras las dos jaulas estaban en la terraza, me pareció que la voz del jilguero era un poco diferente de lo habitual.

Salí a dar un vistazo. Era Pimpigallo que estaba imitando a la perfección el canto y las variaciones del jilguero. Y este, enmudecido, lo miraba entre indignado y ofendido.

Entonces, tras otro largo rato de silencio hostil, el jilguero reanudó el canto. Hacían duetos improvisados en lo que parecía una jam session de jazz.

Un verano tuve que ir a Sicilia por trabajo.

Mi familia, que entonces estaba formada por mi mujer, mi suegra, tres hijas, dos gatos, dos pájaros y un perro, se fue a la casa de la Toscana. Colgaron las dos jaulas de la rama de un enorme castaño más que centenario que estaba (y está) justo delante de la puerta.

Una tarde, como hacía a diario, llamé por teléfono a mi mujer Rosetta. Estaba a punto de terminar mi trabajo, al cabo de tres o cuatro días me reuniría con mi familia.

Lo que sucedió inmediatamente después de la llamada lo supe por Rosetta.

Mi suegra, que estaba en su habitación, se asomó a la ventana y dijo en voz alta:

—Hola, Andrea. ¿Cuándo has llegado? Mi mujer se asustó. ¿Cómo que cuándo has llegado? Si acababa de hablar conmigo por teléfono.

—¿Qué dices, mamá?

—Estaba saludando a Andrea. ¿Dónde está que no lo veo?

—Todavía está en Sicilia.

—Pero ¿qué dices? ¡Si acabo de oír su voz! Y en aquel momento también mi mujer oyó una voz, profunda, ronca, con un acento inconfundiblemente siciliano, que preguntaba:

—Hola, jilguerito, ¿cómo estás? Era Pimpigallo que me estaba imitando a la perfección. Cuando volví, lo primero que hice fue preguntarle:

—Hola, Pimpi, ¿cómo estás? Y él, con mi voz:

—¡Maldita sea!

Desde entonces no paró de hablar.

Yo no sabía que un papagayo tan pequeño fuera capaz de hablar. Pero ¿cómo podía salir una voz tan gruesa y profunda como la mía de un animalito tan pequeño?

Cuando se hizo viejo, empezó a mezclar las cosas:

—Hola, maldita sea, ¿cómo estás?

O bien:

—Estás maldita sea, Pimpi, hola.

O bien:

—Hola, poquilguerito.

Una mañana me lo encontré muerto.

El jilguero estuvo una semana sin cantar y luego, al octavo día, decidió no despertarse más y seguir a su amigo.

 

Campeones del Mundo de Baloncesto 2019

España ha conseguido el Campeonato del Mundo de Baloncesto 2019 en China por segunda vez, después de Japón 2006 (y recordar los magníficos comentarios del inefable Andrés Montes), [parece ser que los paises asiáticos del extremo oriente nos dan suerte en este campeonato]-, sólo repiten de aquella vez Rudy Fernández y Marc Gasol.

Partido y campeonato memorable de España, y en la gran final: Argentina 75 – España 95, con Recky Rubio (MVP).

¡Enhorabuena y a disfrutarlo!

Proyecto Blue Book [Project Blue Book] de David O’Leary

Proyecto Blue Book [Project Blue Book] es una serie creada por David O’Leary sobre el fenómeno OVNI en los años 50 en USA; pero lo que más me interesa es que está Aidan Gillen como el profesor J. Allen Hynek que es un brillante profesor de universidad y es recrutado por las Fuerzas Especiales Aéreas de los Estados Unidos para investigar una serie de casos que no se resolvieron en su momento. Hynek tiene que hacer frente a la difícil tarea de recabar información para tratar de arrojar algo de luz a una de las eras más misteriosas de la historia del país norteamericano.

El último barco de Domingo Villar

El último barco de Domingo Villar ha sido una larga espera para reencontrarnos con Leo Caldas, pero la espera ha merecido la pena, aunque esta espera haya condicionado mucho el discurrir del libro. Reitero que me ha gustado mucho el desarrollo del argumento en las primeras 500 páginas, en la que todo discurría lento y con mucho detalle, pero a partir de ahí todo se deseta hasta un final trepidante y vertiginoso en todos los sentidos. Creo que este final está condicionado por ese tiempo del que hablaba, la presión del propio autor por terminar el libro porque si no sería por encima de las 1000 páginas, y supongo que el autor también estaría deseando terminarlo porque había mucha gente que le preguntaba por él. Lo dicho, un libro interesante que podría haber sido mejor, pero ha sido mi lectura favorita para este verano.

UN NUEVO CASO PARA EL INSPECTOR LEO CALDAS.

La hija del doctor Andrade vive en una casa pintada de azul, en un lugar donde las playas de olas mansas contrastan con el bullicio de la otra orilla. Allí las mariscadoras rastrillan la arena, los marineros lanzan sus aparejos al agua y quienes van a trabajar a la ciudad esperan en el muelle la llegada del barco que cruza cada media hora la ría de Vigo. Una mañana de otoño, mientras la costa gallega se recupera de los estragos de un temporal, el inspector Caldas recibe la visita de un hombre alarmado por la ausencia de su hija, que no se presentó a una comida familiar el fin de semana ni acudió el lunes a impartir su clase de cerámica en la Escuela de Artes y Oficios. Y aunque nada parezca haber alterado la casa ni la vida de Mónica Andrade, Leo Caldas pronto comprobará que, en la vida como en el mar, la más apacible de las superficies puede ocultar un fondo oscuro de devastadoras corrientes.

 

Las dos caras de la verdad de Michael Connelly

Las dos caras de la verdad de Michael Connelly continua la saga policial de investigación de Harry Bosch y que se corresponde con la quinta temporada de la serie que aún no he visto, pero espero verla algún día. La prosa del libro resulta tremendamente visual y atractiva lo que hace que sea muy fácil y amena su lectura ya que estamos en el mundo de la imagen. En este episodio Harry Bosch se enfrenta a una de sus misiones más peligrosas al infiltrarse en el mundo oscuro del narcotráfico; y a la par a la revocación de una condena al corredor de la muerte por una mala praxis y que puede dar al traste con toda su carrera y todos los casos en los que ha intervenido, pero aquí cuenta con la ayuda inestimable de su hermanastro Mickey Haller, que siempre trabaja con argucias peligrosas. Y por supuesto, deja abierto el camino a la nueva investigación en la que continuaremos con Harry Bosch.

Pero también aparece un tema recurrente que ya apareción en Chernobyl: la verdad, aunque aquí sea desde otro ángulo.

“Sabía que existían dos clases de verdad en este mundo. La verdad que era el lecho de piedra inalterable de su vida y su misión. Y la otra, la verdad maleable de políticos, charlatanes, abogados corruptos y sus clientes, adaptada y tergiversada para servir a cualquier propósito.”

Harry Bosch está trabajando en casos abiertos para el Departamento de Policía de San Fernando cuando se requiere la presencia de todos los efectivos en una farmacia local, donde dos hombres han sido asesinados en un atraco. Las pistas conducen al peligroso y lucrativo mundo del abuso de fármacos. Para llegar a quienes dirigen el cotarro, Bosch debe arriesgarlo todo e infiltrarse en el oscuro entramado del tráfico ilegal de pastillas. Entretanto, un viejo caso de sus tiempos en la Policía de Los Ángeles regresa para atormentarlo. Un asesino que lleva encarcelado muchos años asegura que Bosch preparó un montaje contra él y parece contar con nuevas pruebas que lo demuestran. Bosch abandonó el departamento por las malas, de manera que sus anteriores colegas no están dispuestos a proteger su reputación. Si esa condena se revoca, todos los casos en los que ha trabajado Bosch quedarán en entredicho. Como de costumbre, Bosch debe defenderse por sí mismo mientras intenta limpiar su nombre y mantener en prisión a un astuto asesino. Al tiempo que los dos casos se entrelazan como un alambre de púas, Bosch descubre que hay dos caras de la verdad: la que te libera y la que te sepulta en la oscuridad.

Chernobyl de Craig Mazin

Chernobyl de Craig Mazin es una miniserie de HBO y Sky que sin lugar a dudas es la mejor serie del año 2019. Desgrana los acontencimiento trágicos de la central nuclear de Chernobyl desmenbrando un relato inquietante, emocionante y realmente trágico. Como expresa Valeri Legásov: “No hay verdad”; “hay que decir la verdad”; o “la mentrira tiene un altísimo precio”. ¿Nos está hablando de aquella tragedia o del momento presente?

Unos datos a tener en cuenta: está muy bien escrita y el reparto es magnífico; huele a elementos químicos y metales pesados; el relato es angustioso en el que se palpa la tragedia; es de una dureza indescriptible y el final resulta muy emocionante.

El 26 de abril de 1986, la Central Nuclear de Chernóbil, en Ucrania (por entonces perteneciente a la Unión Soviética), sufrió una explosión masiva que liberó material radioactivo en Ucrania, Bielorrusia, Rusia, así como en zonas de Escandinavia y Europa Central. La serie relata, desde múltiples puntos de vista, lo que aconteció en torno a una de las mayores tragedias en la historia reciente, así como los sacrificios realizados para salvar al continente de un desastre sin precedentes.

Luther (4ª y 5ª Temporada) de Neill Cross

Luther se nos ha vuelto más negro y oscuro, con su andar inconfundible, sus manos en los bolsillos del pantalón o del abrigo que tan bien le sientan, su mirada certera y desconcertante, su palabra precisa, todo magníficamente interpretado por nuestro inconmensurable Idris Elba.

Pero en la 4º Temporada (2015) pedió casi el norte. Y en la 5ª Temporada (2019) está totalmente perdido, y aunque continua con su instinto para resolver los casos de manera certera; aunque el precio que deberá pagar es muy alto porque por el camino deja a su compañero Benjamin “Benny”/”Deadhead” Silvery, a su compañera la Detective Sgt. Catherine Halliday y a su incombustible-preciosa Alice Morgan, definitivamente un precio muy alto para sus devaneos.

 

Calle Feria de Tomás Sanchez Santiago

Calle Feria de Tomás Sanchez Santiago es un libro para los zamoraranos, pero no sólo, porque está muy bien escrito; compone una narrativa interesante y trascendene a otros lugares con historias similares o parecidas. Me resulta muy interesante sus hallazgos creativos y literarios que redescubren una realidad presente pero un tanto olvidada. Entre todos ellos querría enumerar algunos:

  • En el serano.
  • 1 2 3 4 5 6 7 8 9 0 (venta)
    • jamon dulce (costo)
  • Monodia en E. “Fiebre en el Exprés“.
  • Palíndromos (pág. 296).
  • Cine Atlas.
  • La víspera y la trasgresión.
  • Y los relatos: “Dónde caerse muerto”. “La víspera desarofada de Paulino Álvarez”. “Dama de la legía”. “El día que Lorca entró en la tienda”. “Una muchacha y una maleta”. Y la coda: “6 cartas de naúfragos”.

Inventar una importancia para la calle“.

Igual que aquellos jóvenes de la época medieval perteneciente al “Decamerón”, en una diminuta localidad de vida interior dos mozos intentan sobrevivir cada tarde al hastío inventando una historia alternativa, una fiesta rebelde surtida por fábulas y palabras que no repiten la mustia vida gris de aquel marasmo del franquismo. Esta narración es la historia de una pequeña calle comercial conocida como “Calle feria”, y de unos hombres -viajantes, tenderos, dependientes- que no salen de ella y viven entre códigos propios, al margen de la existencia ortopédica de una ciudad temerosa y conforme.

Mediante un manojo de relatos intercalados por una sutil capilaridad llena de pequeñas correspondencias, “Calle Feria” propone contra aquella obsesión monolítica un relato de la diversidad donde tienen cabida diversas crónicas cinematográficas, informes, artículos, diarios o lenguajes de receta. Y, antes que ninguna otra cosa, una increíble fábula a caballo entre la imaginación, el documento y la alegría del puro contar a fin de salvar el letargo y el sometimiento que dominaban aquel interminable invierno.

Con esta obra, Tomás Sánchez Santiago recibió el Premio Novela ciudad de Salamanca. “Calle Feria” podría ser la calle Zamora donde se crió Tomás, pero también la calle donde crecimos cada uno de nosotros. A través de los diversos relatos el autor hace una mezcla entre ficción y realidad, transcendiendo un lirismo esencial.

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¡Adiós Andrea Camilleri!

Se ha muerto Andrea Camilleri con quien hemos compartido tantas historias, larga vida a Salvo Montalbano.

Ya estamos esperando Riccardino.

Mágnífico Obituario de Daniel Verdú en El País (17/7/2019).

El cuento de las comadrejas de Juan José Campanella

El cuento de las comadrejas de Juan José Campanella es una película magnífica que es un regalo en estos tiempos de superhéroes y películas fantásticas. Una mención muy especial tiene el guión, siempre con el sello inconfundible de Campanela, con un magnífico elenco de actores y actrices que sin ellos seguro que la película sería muy distitnta: Graciela Borges como Mara Ordaz, Oscar Martínez como Norberto Imbert, Luis Brandoni como Pedro De Córdova, Clara Lago como Bárbara Otamendi, Marcos Mundstock como Martín Saravia y Nicolás Francella como Francisco Gourmand.

Una delicia de verano, verdaderamente sorprendente.

Un remake de la película ‘Los muchachos de antes no usaban arsénico‘, cuenta la historia de una bella estrella de la época dorada del cine, un actor en el ocaso de su vida, un escritor cinematográfico frustrado y un viejo director hacen lo imposible por conservar el mundo que han creado en una vieja mansión ante la llegada de dos jóvenes que presentan una amenaza que lo puede poner todo en peligro.

 

Los asquerosos de Santiago Lorenzo

Los asquerosos de Santiago Lorenzo es uno de los libros que nos está volviendo a reencontrar con lo rural y su ritmo vital de existencia; además se ha convertido en un éxito editorial de público que llega a sus páginas, yo llegué a él a través del Faro, el programa de Mara Torres, y todos salimos con el ánimo cambiado. Los asquerosos cuenta unos sucesos singulares, pero no tienen nada de especial; lo que realmente te atrae son los pequeños detalles y el punto de vista diferenten para llegar a los acontecimientos. No hay nada nuevo, pero todo en él resulta atractivo.

Un thriller estático. Una versión de Robinson Crusoe ambientada en la España vacía.

Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita. Un thriller estático, una versión de Robinson Crusoe ambientada en la España vacía, una redefinición del concepto «austeridad». Una historia que nos hace plantearnos si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma. Santiago Lorenzo ha escrito su novela más rabiosamente política, lírica y hermosa.

P.S. el título no atrae mucho, pero la edición en tapa dura y la portada suplen con creces la anterior carencia.

Line of Duty (T-5) de Jed Mercurio

Line of Duty (T-5) Jed Mercurio continua la extenuante lucha contra la conexión entre el crimen organizado y las altas esferes policiales, en busca de “H” y ya llevamos 5 temporadas con las indagaciones policiales del AC-12: Vicky McClure como Det. Sgt. Kate Fleming, Adrian Dunbar como Supt. Ted Hastings y Martin Compston como Det. Insp. Steve Arnott, que esta vez ha estado más para allá que para acá en la delgada línea que nos describe esta serie. Me ha causado una grata satisfacción el reencuentro de Stephen Graham como John Corbett.

Hace 7 años, Line of Duty se decidió a ponerle rostro a los agentes de La Unidad Anticorrupción de Birmingham, presentada con las siglas AC-12, tenía como misión esclarecer los engaños e irregularidades que se dejaban entrever en el departamento de policía. Line of Duty lleva ya cinco temporadas en antena. Recientemente fue anunciada su renovación por una sexta tras la sensación que ha causado en las audiencias de Reino Unido, donde llegó a reunir a 7,4 millones de espectadores.

La serie está desarrollada por Jed Mercurio que ha trabajado sin descanso en Line of Duty, no sólo esforzándose porque los giros marca de la casa tuvieran un sentido orgánico, sino también recurriendo a asesores para que su perspectiva de las unidades anticorrupción fuera lo más realista posible. Durante los años que lleva en antena, la serie se ha perfilado como uno de los thrillers más frescos y reveladores del panorama actual. Su esfuerzo por darle un enfoque actual al género y exprimir al máximo las posibilidades discursivas de la corrupción policial siempre ha ido paralelo a su afición por los giros (tan ruidosos como calculados) y por dejar al espectador sin aliento, y no es de extrañar la fidelidad que ha ido ganándose por parte del público.

En la quinta temporada, con el misterio de la identidad de “H” más cerca de resolverse que nunca, Line of Duty es tan infartante como estamos acostumbrados, al tiempo que la maestría de Mercurio también se hace notar en las interacciones de sus protagonistas. Su definitiva conversión en un drama de personajes, con Hastings sufriendo las sospechas de sus compañeros, constata la absoluta calidad que siempre ha atesorado el show, y la impulsa a unos extremos nunca antes vistos. Cuatro temporadas después, Line of Duty sigue sorprendiendo, sigue dejándonos con la boca abierta, y sigue sabiendo cómo escaparse de cualquier expectativa. Y lo mejor es que sabemos que el bueno de Mercurio es capaz de prolongar esta situación durante el tiempo que se le antoje.

Hierro de Pepe Coira y Jorge Coira

Hierro de Pepe Coira y Jorge Coira es una magnífica serie que sorprende por el argumento, la trama y la atmósfera creada. Pero cabe destacar el duelo interpretativo entre Candela Peña como la Jueza Candela Montes y el gran Darío Grandinetti como el controvertido Antonio Díaz; aunque también cabe decir que  a ello contribuye la cuidada selección de actrices y actores de acompañamiento, nunca secundarios, que hacen que la serie sea muy buena: Juan Carlos Vellido como Sargento Alejandro Morata, Mónica López como Reyes, Cristóbal Pinto como Tomás, Luifer Rodríguez como Bernardo, Antonia San Juan como Samir, Kimberley Tell como Pilar Díaz o Saulo Trujillo como Daniel. Y el otro gran protagonista de la serie es la isla del Hierro, como no podría ser de otra manera.

Mucha atención a la singular presentación de los títulos de créditos que tiene un marchamo muy especial de calidad.

Candela es una jueza que acaban de destinar a El Hierro, la isla más remota del archipiélago canario. No va a ser fácil para Candela adaptarse a la vida en una comunidad que, como ella misma, tiene un fuerte carácter. De hecho, la han enviado allí como castigo por su comportamiento heterodoxo. Nada más llegar a la isla, Candela tiene que instruir un caso complicado: aparece asesinado Fran, un joven herrero, el mismo día en el que iba a casarse con la hija de Díaz, un oscuro empresario que enseguida se convierte en el principal sospechoso del crimen. Candela y Díaz están en lados opuestos de la ley, pero tienen un objetivo común: descubrir la verdad sobre el crimen. Ambos se adentrarán en un camino físico y emocional… un camino al infierno que comienza en el paraíso.

Si esto es una mujer de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo

Si esto es una mujer de Lorenzo Silva y Noemí Trujillo es un libro que inicia una nueva saga de investigación policial, en este caso de la inspectora Manuela Mauri, creado al alimón y que tiene algunos guiños al conocidísimo personaje creado por el propio Lorenzo Silva, el subteniente Rubén Bevilacqua. La verdad es que me gusta esta nueva intriga que se adentra por los bajos instintos de la sociedad y nos da a conocer que tenemos un problema bastante serio y grave. Narrada en primera persona en la voz de Manuela, nos adentraremos en el trágico mundo de la trata de personas. Deambularemos por la Colonia Marconi, en Villaverde, en el término municipal de Madrid a escasos metros de Getafe: lugar inmundo de prostitución ilegal, donde las prostitutas se clasifican por clases y/o etnias.

La inspectora de homicidios Manuela Mauri lleva siete meses de baja cuando recibe la visita de la oficial Guadalupe Larbi para pedirle que se reincorpore al trabajo: sólo ella, le dice, tiene la autoridad y el empuje necesarios para sacar adelante una complicada investigación en la que la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid no consigue avanzar. Tres meses atrás aparecieron restos humanos en los vertederos de Pinto y Valdemingómez. Pese a haber dedicado ingentes recursos, no se ha encontrado el cadáver completo y no hay una sola pista de la autoría del crimen. Y lo que es peor: tres meses después sigue sin identificarse a la víctima. Manuela se enfrentará de esta manera al mayor desafío de su carrera como inspectora de homicidios: la Operación Vertedero. La búsqueda de la verdad pondrá de nuevo a Manuela en el punto de mira de sus compañeros y superiores, que han perdido la confianza en ella por los hechos acaecidos en torno al suicidio del inspector jefe Alonso, por los que Manuela quedó injustamente salpicada. Una novela que señala los puntos oscuros de nuestra sociedad, cuestionando nuestra ceguera ante el sistema en el que vivimos. Ante todo lo que la ciudad desecha y que, nos guste o no, la define.

Continuará …

GIGANTES de Enrique Urbizu

GIGANTES de Enrique Urbizu es una serie española, negra-muy negra, que recrea unos momentos muy especiales de nuestra historia, cargándolos con tintes un tanto trágicos, pero que te mantiene la tensión durante la dos temporadas que recrean. Me ha sorprendido en todos los sentidos; la tenía archivada por un tiempo y al final ha cumplido las expectativas. Desde los kinkis del rastro hasta los mafiosos de cuello blanco, pasando por todas las tramas inmobiliarias y drogas que nos podamos imaginar. Los títulos de cada una de las temporadas también resulta muy significativos:

(T-1ª): 1º Devastación. 2º Familia. 3º Confluencias. 4º Cicatrices. 5º Pérdida. 6º Paraiso.

(T-2ª): 7º Purgatorio. 8º Infierno. 9º Escorpión. 10º Paula. 11º Mar Eterno. 12º Akelarre.

GIGANTES narra la historia de los Guerrero, una familia que ha encontrado en el negocio de la compraventa de muebles en el rastro de Madrid la tapadera perfecta para el desarrollo de sus actividades criminales. Una policía que lleva años siguiendo a este clan intentará detener su poder, que se extiende por Andalucía y por la alta sociedad europea.

La verdad es que los Guerrero, todos, son mucho Guerrero.

 

Aladdín de Guy Ritchie

Aladdín de Guy Ritchie es una película que disfruté con mi hija y unas niñas; que me permite retrotraerme en el espíritu de aquellas películas orientales, mágicas y de aventuras que disfrutamos en la infancia. Seguro que ya la hemos visto, pero te emociona casi como la primera vez; además aqui juega con todo el poderío y potencial de Disney. Una película de sesión de tarde maravilllosa para disfrutar.

Aladdin (Mena Massoud) es un adorable pero desafortunado ladronzuelo enamorado de la hija del Sultán, la princesa Jasmine (Naomi Scott). Para intentar conquistarla, acepta el desafío de Jafar (Marwan Kenzari), que consiste en entrar a una cueva en mitad del desierto para dar con una lámpara mágica que le concederá todos sus deseos. Allí es donde Aladdín conocerá al Genio (Will Smith), dando inicio a una aventura como nunca antes había imaginado.

90 y 4 años

90 y 4 años, que no 94, son dos celebraciones distintas e importantísimas en mi vida. Mi madre cumple 90 años y Saida está con nosotros hace 4 años.

¡Muchísimas felicidades a las dos!, con todo mi corazón.

Laberinto griego de Philip Kerr

Laberinto griego de Philip Kerr es la 11ª novela de este autor como Bernie Gunther como protagonista, y además ha sido su obra póstuma, aunque aún queda una más. Llegué a ella por la recomendación de un amigo (Carlos que conocía toda su trayectoria anterior) y no me ha defraudado, además tiene un componente histórico muy hábilmente introducido que da visos de verorimilitud a la trama.

Hay vericuetos muy interesantes en la lectura de las obras que las hace únicas; así cada uno de nosotros construímos nuestra propia biblioteca única e irrepetible. En este sentido me resulta muy valioso y curioso secuenciarla con mi lectura anterior: Universidad para asesinos [Σεμινάρια φονικής γραφής] de Petros Márkaris que hace que adquiera una dimensión irrepetible para entender nuestro tiempo; porque la novelas como estas nó sólo resuelven crímenes o entuertos, sino que nos permiten entender mejor nuestro tiempo, incluso a nosotros mismos. Con ambas novelas alcanzas a entender mejor la singularidad de caso griego, aunque seguro que se nos quedan muchísimas cuestiones importantes en el tintero.

1957. El destino ha llevado a Bernie Gunther a trabajar en una compañía de seguros de Múnich, donde hace lo que mejor sabe: investigar. Desde allí, le destinan a Atenas para comprobar una reclamación por un barco hundido, propiedad de un ciudadano alemán. Cuando descubre que la embarcación perteneció a un judío que fue deportado a Auschwitz, a Gunther ya no le cabe duda de que el naufragio no fue un accidente. El fantasma del nazismo y la Segunda Guerra Mundial vuelven a cruzarse en su camino.

Laberinto griego, una de las mejores novelas de la serie protagonizada por Bernie Gunther, se iba a publicar en inglés en abril de 2018. Por desgracia, el 23 de marzo anterior nos dejaba Philip Kerr, apenas unos días antes de que esta aventura griega de Gunther viera la luz. Ambientada en la década de 1950, es cronológicamente la última novela de la serie, pero, para fortuna de sus lectores, no es la última que Kerr dejó escrita, ya que cierra la saga Metrópolis.

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