All Hallow´s Eve (Víspera de Todos los Santos) Halloween. Samaín

All Hallow´s Eve (Víspera de Todos los Santos). Halloween. Samaín.

La noche del 31 de octubre es la noche en la que el hombre inicia el camino de reencuentro con los muertos, ruta que culminará el 1 de noviembre con la celebración -fruto de la cultura católica- de la festividad del Día de todos los Santos. Desde hace unos años, y bajo el influjo de la cultura estadounidense han abrazado con fuerza las fiesta de Halloween -término que viene de All Hallow´s Eve (Víspera de Todos los Santos)- sin ser conscientes de que la efeméride proviene de un rito celta de año nuevo que está presente en nuestra cultura desde hace siglos: El Samaín.

También el conocido´Truco y Trato´, hecho a medida del público infantil, no es otra cosa que la adaptación a nuestros días de otra costumbre celta que consistía en colocar dulces en la entrada de sus viviendas para mantener contentos a los espíritus que rindiesen visita a sus hogares.

Aquí os dejo una interesante presentación muy ingeniosa y visual de libros y objetos de Halloween en la librería Semuret de Zamora.

Y otra no menos divertida en la librería Lume de A Coruña.

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Bicicletas antiguas en Zamora

Paseando por Zamora me he encontrado esta exposición en la plaza mayor de bicicletas antiguas que me retrotraen al pasado y a mi infancia en un ejercicio nostálgico.


Fargo (3ª Temporada) de Noah Hawley

Fargo (3ª Temporada) de Noah Hawley es la continuación narrativa de la obra creada por los hermanos Coen (Joel y Ethan), pero con una vuelta de tuerca más sobre la trama y los personajes, y me sigue interesando como la propia película, incluso más porque se recrean muchos más matices de la acción, e incluso permite hacer escapadas narrativas fuera de este paisaje opresor hasta cierto punto.

En esta Tercera temporada de “Fargo”, acción transcurre en el pueblo de Eden Valley en 2010, cuatro años después de los hechos ocurridos al final de la primera temporada. Los nuevos episodios se centran principalmente en el enfrentamiento entre dos hermanos, Emmit y Ray Stussy. Emmit Stussy es dueño de una importante red de aparcamientos en todo el estado de Minnesota. Atractivo y seguro de sí mismo, es un triunfador, la misma encarnación del sueño americano. Su hermano Ray, por el contrario, es un hombre venido a menos que trabaja como agente de la condicional y guarda rencor a su hermano, al que culpa de su fracaso por una herencia mal repartida. Su única fuente de satisfacción viene de su relación con Nikki Swango, una retorcida y atractiva fanática del ‘bridge’ que cumple la condicional bajo su supervisión. La rivalidad entre ambos hermanos les conduce por un camino tortuoso que empieza con robos inocentes y termina en asesinatos, relaciones con la mafia y partidas de cartas salpicadas de sangre… Las cosas también se complican para Emmit cuando un extraño empresario aparece en el pueblo con malas noticias sobre su negocio. Las consecuencias del asunto llegan hasta la sheriff local, Gloria Burgle. Como policía, Gloria es pragmática, defensora de las soluciones rápidas y las formas sencillas. Madre de un adolescente y recién divorciada, Gloria trata constantemente de entender un mundo en el que a los demás les resulta más fácil conectar a través de los dispositivos móviles que a través de las relaciones personales.

¡Ave, César! [Hail, Caesar!] de Ethan Coen y Joel Coen

¡Ave, César! [Hail, Caesar!] de Ethan Coen y Joel Coen resulta una comedieta divertida parodiando el gran Hollywood que te hace sonreir, sobre todo por el rol que representan conocidísimos actores y actrices que conocemos sobradamente pero que aquí están diferentes; este es uno de los grandes losgros de los hermanos Coen, que sacan registros diferentes a los actores a los que nos tienen acostumbrados. En la película todo resulta rocambolescamente desconcertante, hasta tal punto que en ciertos momentos llegamos a perder el hilo de lo que acontece.

En el Hollywood de los años 50, uno de los grandes estudios está rodando su película más importante: una gran superproducción de romanos protagonizada por una gran estrella (George Clooney), pero el actor es secuestrado durante el rodaje. Uno de los productores, el resolutivo Eddie Manix (Josh Brolin), tratará de averiguar dónde está y arreglar el asunto antes de que se entere la prensa.

Comanchería [Hell or high water] de David Mackenzie

Comanchería [Hell or high water] de David Mackenzie es una película del Oeste del siglo XXI que te permite disfrutar del género como en los viejos tiempos cuando íbamos a ver estas películas los sábados por la tarde al cine, pero cargada de toda la amargura del tiempo presente. Es una gran película que pasó demasiado desapecibida en su momento, no sé dilucidar las razones (‘Comanchería‘ probablemente sea uno de los peores y más estúpidos títulos del siglo), aunque tiene todas las hechuras del gran cine. Resulta sorprendente la manera en que Jeff Bridges llena la pantalla. Comanchería es básicamente un western que camina por la pantalla al ritmo del mejor cine negro siempre pendiente de la respiración entrecortada de un mundo que acaba.

Toby (Chris Pine), un joven padre divorciado, y su impulsivo hermano Tanner (Ben Foster), un ex presidiario recién salido de la cárcel, se dirigen al Oeste de Texas para realizar una serie de robos en unas pocas sucursales bancarias. El objetivo de Toby es intentar poder conseguir el dinero suficiente como para poder salvar la granja familiar, que está en peligro. Nada más cometer el primer robo, un veterano Ranger de Texas (Jeff Bridges) y su compañero irán tras la pista de los hermanos.

El cartógrafo de Juan Mayorga

El cartógrafo de Juan Mayorga es una obra de teatro que nos adentra en nuestras CARTOGRAFÍAS, una experiencia personal que ya comentaré en otra ocasión.

En este caso no he podido ver aún la obra de teatro dirigida por propio Juan Mayorga e interpretada, magníficamente bien según me cuentan fuentes del todo fiables, por Blanca Portillo y José Luis García-Pérez. Pero el texto resulta de una calidad abrumadora y te adentra sin ningún problema en el espíritu de la obra,

En la Varsovia de nuestros días, Blanca oye la leyenda del cartógrafo del gueto. Según esa leyenda, un viejo cartógrafo se empeñó, mientras todo moría a su alrededor, en dibujar el mapa de aquel mundo en peligro; pero como sus piernas ya no lo sostenían, como él no podía buscar los datos que necesitaba, era una niña la que salía a buscarlos para él. Blanca tomará por verdad la leyenda y se lanzará a su vez, obsesivamente, a la búsqueda del viejo mapa y, sin saberlo, a la búsqueda de sí misma. El cartógrafo es una obra –un mapa- sobre esa búsqueda y sobre aquella leyenda.

«Érase una vez en el gueto. Mientras todo moría a su alrededor, un viejo se empeñó en dibujar un mapa. Pero como sus piernas no lo sostenían, como no podía ir a buscar los datos que necesitaba, pidió a una niña que lo hiciese por él.» En la Varsovia de nuestros días, Blanca tomará por cierta esa leyenda y se lanzará a la búsqueda del mapa de un mundo en peligro. Mayorga indaga en el ángulo más oculto de la memoria trazando así una cartografía del cuerpo, del gesto y de la conciencia. Presente y pasado se interpelan para interrogarnos y ofrecer pistas de lo que está a punto de ocurrir. Si «hacerse preguntas es mucho más difícil que medir y dibujar», ¿cuáles son hoy las nuestras?

Además el prólogo de Alberto Sucasas aporta mucho y bien a la obra.

Cuentos de ciclismo de VV.AA.

Cuentos de ciclismo de VV.AA. ha sido un libro de muy largo recorrido que me ha acompañado por las tres grandes carreras ciclistas por etapas, Giro/Tour/Vuelta, y me ha permitido meterme un poco más en la piel de los ciclistas y lo que significa este deporte.

He disfrutado porque estos cuentos me han hecho revivir muchas anécdotas y emociones de mi vida con la bicicleta.

Cuentos de ciclismo es una antología de veinte narraciones y un prólogo que, de la mano de consagrados novelistas y hábiles fabuladores, nos trasladan desde las penurias del esfuerzo a las cimas de la gloria. Una obra variada y amena para que el lector disfrute en cada pedalada. Cualquiera que haya ayudado, desde su casa, a Indurain a subir el Mortirolo sabe un poco de esta épica del ciclismo, que nos tiene en vilo todos los veranos y, nada menos que en los Campos Elíseos, nos hace soñar con la meta ilusoria. Lo difícil, como dice Arreola, es hacer valer luego la misma ventaja. Mientras todo se mueva en terreno resbaladizo, en tanto aparezcan esos vertiginosos precipicios a ambos lados de la calzada, con tal de mantener mínimamente el equilibrio para seguir leyendo, podemos darnos por satisfechos. Que la Grand boucle nos proteja, y que sigan girando nuestros bujes mientras perseguimos denodadamente la vraie vie, sorteando las simas donde acechan las víboras. Loado en las alturas El Águila de Toledo. Bendito el que viene en nombre de Indurain.

Además: aquí lo puedes descargar en epub gratis.

El quinto testigo de Michael Connelly

El quinto testigo de Michael Connelly es un libro que aúna la pericia investigadora de Michey Haller, que ya conocíamos, con una realidad muy tangible y cercana, aunque sea en U.S.A. Mickey Haller brilla en su mejor caso, la defensa de Lisa Trummel, una profesora en paro, acusada de asesinar al director del banco que la iba a desahuciar. Me gusta especialmente este personaje sarcástico, descreído y hasta cierto punto arrogante por su sapiencia de la cotidianeidad, y por cómo desentraña los abismos de las personas, sus contradicciones y sus secretos más íntimos.

El abogado Mickey Haller está acostumbrado a defender a personas en situaciones límite. Y con la crisis económica, los clientes con problemas abundan. Especialmente si sus dificultades están relacionadas con los bancos y con el pago de sus hipotecas. Es el caso de Lisa Trammel, que a duras penas puede mantener su casa y a su hijo después de que su marido los abandonara. Las cosas no van bien para Lisa, pero aún pueden ir mucho peor. Acaban de encontrar asesinado a un directivo del banco que le había concedido la hipoteca a Lisa y a ella la van a acusar del crimen. Haller va a tener que poner toda la carne en el asador si quiere salvar a su cliente de precipitarse al abismo.

Algunas valoraciones de este libro han dicho:

«En El quinto testigo, Connelly saca a la luz el hundimiento del mercado inmobiliario y habla de la estafa de tantas ejecuciones hipotecarias». The New York Times

«Gracias a Dios que existe Michael Connelly… Connelly sigue conservando sus dotes de periodista, su capacidad de ver los detalles resulta muy acertada. Sus novelas forman una indispensable y absorbente crónica de Los Ángeles». Jonathan Shapiro, Los Angeles Times

«Cogí El Quinto Testigo una noche de la semana pasada con la única intención de tener una idea de la historia, y descubrí que no había podido dejar de leerlo al acabarlo cinco horas más tarde». Richard Rayner, Los Angeles Times

«…Siempre hay algo serio detrás de sus entretenidos jolgorios judiciales. Aquí se describen los antecedentes del colapso inmobiliario, a lo que están expuestos los involucrados en ejecuciones hipotecarias». Marilyn Stasio, New York Times

«Connelly es el heredero de Raymond Chandler. Ambos comparten una especie de ambición artística que insiste en ir más allá del género». The Boston Globe

«Como siempre, Connelly hace de su protagonista el conducto perfecto para atravesar las junglas peligrosas de los juzgados y los barrios de renta baja de Los Ángeles. Pero lo que realmente activa al autor son sus puntales sociales. El Quinto Testigo no será una lectura cómoda para los banqueros, pero tampoco es indulgente con aquellos que sienten que el mundo les debe una casa y una vida». Barry Forshaw, The independent

 

El muñeco de nieve [The Snowman] de Tomas Alfredson

El muñeco de nieve [The Snowman] de Tomas Alfredson, película basada en el celebérrimo libro homónimo de Jo Nesbø que recrea una de las investigaciones más complicadas y arriesgada del detective Harry Hole y su singular ayudante.

Harry Hole (Michael Fassbender) es un brillante detective de una brigada de investigación de élite, caracterizado por usar métodos poco ortodoxos. Al investigar la extraña desaparición de una mujer durante la primera nevada del invierno, empieza a sospechar que un asesino en serie vuelve a estar activo. Se trata de un auténtico demente que se hace llamar el asesino del muñeco de nieve, y su objetivo son mujeres cuya conducta desaprueba. Con la ayuda de Katrine Bratt (Rebecca Ferguson), una brillante y perspicaz agente, el policía encajará las piezas del rompecabezas a partir de antiguos casos sin resolver para conectarlos con el último y brutal acontecimiento. Hole tendrá que adelantarse al cruel asesino que volverá a actuar, antes de la próxima nevada.

Con esta película he podido disfrutar por la receración del clima y los ambientes noruegos, pero la propuesta resulta muy arriesgada porque no resuelve muchos de los interrogantes, razones y porqués que aparecen en el libro. Aquí todo es mucho más directo, sin la intriga ni la angustia del libro.

Como elemento francamente positivo cabe destacar el gran hallazgo de Michael Fassbender como Harry Hole y Rebecca Ferguson como Katrine Bratt.

Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve

Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve es una continuación muy digna de la mítica Blade Runner de Ridley Scott de 1982, aunque le falten muchas cosas para llegar a la emoción de aquella. Los que mitómanos disfrutamos, pero no olvidamos; aquí le falta un punto de aquella, pero reitero que se deja ver muy bien y eleva la mediocridad de las porpuestas cinematográficas a las que nos tiene aconstumbrados la ciencia ficción.

Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo blade runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto largamente oculto que podría acabar con el caos que impera en la sociedad. El descubrimiento de K le lleva a iniciar la búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner al que se le perdió la pista hace 30 años.

La película adquiere en una nueva dimensión sólo con la aparición de Harrison Ford como el auténtico Rick Deckard y todo el paso del tiempo que ello lleva consigo.

Resulta un espectáculo magnífico, sin duda, pero ni tan fascinante ni tan emotivo como la original Blade Runner.

Blade Runner de Ridley Scott

Blade Runner de Ridley Scott es una película mítica que he vuelto a ver como antesala de la siguiente, para recordar todo bien. Es una de mis películas mítica y no me ha defraudado, porque aunque hemos pasado desde 1982, fecha de su estreno, hasta ahora, ha envejido muy bien. Y aunque la distopía recreada está muy próxima, recrea un L.A. del 2019, su espíritu permanece.

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba “retiro”. Tras un grave incidente, el ex Blade Runner Rick Deckard es llamado de nuevo al servicio para encontrar y “retirar” a unos replicantes rebeldes.

Con el magnífico reparto de Harrison Ford (Rick Deckard), Rutger Hauer (Nexus 6), Sean Young (Rachel), Daryl Hannah (Prince), Edward James Olmos, Joanna Cassidy.

Y el inolvidable: “Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”

Valerian y la ciudad de los mil planetas de Luc Besson

Valerian y la ciudad de los mil planetas de Luc Besson es una película basada en el famoso cómic/banda diseñada de Pierre Christin, Jean-Claude Mézières, que desgraciadamente ha sido un fracaso comercial, y no sé muy bien porqué, porque a mí me gustó y pareció interesante; además suponía una alterativa al cine de superhéroes que estamos asostrubrados a recibir. Quizás sea una alternativa que paradógicamente se haya adelantado a su tiempo. Aunque resulte barroca, su propuesta llena la pantalla y nos atráe en todo momento, pero parece que las nuevas generaciones se decantan por obras más ligeras, y esta alternativa europea a las todopoderosas producciones Hollywoodienses parece que no ha tenido éxito, y ahora la continación de la saga está en peligro.

En el siglo XXVIII, Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne) son un equipo de agentes espaciales encargados de mantener el orden en todos los territorios humanos. Bajo la asignación del Ministro de Defensa, se embarcan en una misión hacia la asombrosa ciudad de Alpha, una metrópolis en constante expansión, donde especies de todo el universo han convergido durante siglos para compartir conocimientos, inteligencia y culturas. Pero hay un misterio en el centro de Alpha, una fuerza oscura amenaza la paz en la Ciudad de los Mil Planetas. Valerian y Laureline deben luchar para identificar la amenaza y salvaguardar el futuro, no sólo el Alfa, sino del universo.

«El Arte en el Cómic» en A Coruña

«El Arte en el Cómic» es una exposición muy interesante que se puede contemplar en A Coruña del 22 de septiembre al 6 enero. Se puede visitar en la Sede Afundación de A Coruña «El Arte en el Cómic», es una exposición de Fundación Telefónica que recoge reinterpretaciones de algunas de las obras más emblemáticas de la historia del arte a través de los cómics de 73 ilustradores y autores de prestigio.

«El Arte en el Cómic» se estructura en tres grandes ámbitos: el primero de ellos recoge la relación entre los grandes centros de arte y el cómic a través de obras de la colección del Louvre o del Museo de Orsay junto a la editorial Futuropolis, mostrando el trabajo de autores tan reconocidos como Catherine Meurisse, Manuele Fior, Enki Bilal o David Prudhomme, así como la obra de Edmond Baudoin sobre Dalí, editada por el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou. También se incluyen iniciativas de los centros de arte españoles, como los cómics de Miguel Ángel Martin, Álvaro Ortiz, David Sánchez y Santiago García, editados por el Museo Thyssen-Bornemisza y la editorial Astiberri o la obra El perdón y la furia de Antonio Altarriba y Keko, publicada por el Museo del Prado. Fundación Telefónica también se ha sumado a esta iniciativa encargando versiones libres de algunas de las mejores piezas de su patrimonio artístico a diferentes ilustradores, que ofrecen su visión de obras de Picasso, Tàpies o René Magritte.

El segundo ámbito está centrado en el cómic desarrollado por autores gallegos como Brais Rodríguez y Miguelanxo Prado. Además, con motivo de esta exposición, Afundación encarga a Jacobo Fernández Serrano una historieta basada en algunas de las obras y autores más sobresalientes de su colección de arte: Leiro, Maruja Mallo, Castelao, Laxeiro, Lugrís o Minguillón, entre outros.

Por último, la muestra recoge cómo las grandes obras de la pintura aparecen en el cómic, haciendo especial hicapié en la actual corriente museográfica que aboga por un acercamiento al noveno arte como una disciplina que ineludiblemente ha de estar presente en la programación de los museos y grandes centros. Se trata de una visión novedosa del mundo de la pintura, una mirada personal y un homenaje de los historietistas que, conscientes de la capacidad narrativa del cómic, utilizan sus recursos para mostrarnos el mundo de la pintura de un modo distinto al que habitualmente ofrecen críticos y teóricos del arte.

 

Niveles de vida de Julian Barnes. Globos aerostáticos y Félix Tournachon-Nadar. Sarah Bernhardt y el coronel Burnaby. Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh

Niveles de vida de Julian Barnes. Globos aerostáticos y Félix Tournachon-Nadar. Sarah Bernhardt y el coronel Burnaby. Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh.

Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero Mancio. El Museo del Prado.
Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez (1784), de Antonio Carnicero Mancio. El Museo del Prado.

En las primeras páginas de Niveles de vida, Julian Barnes recoge unos comentarios que seguramente resultan esenciales para acercarse al asunto central del libro. Son unas observaciones que hizo Jacques Charles el 1 de diciembre de 1783: “Cuando sentí que me alejaba de la tierra, mi reacción no fue de placer, sino de felicidad”, comentó. Habló también de “un sentimiento moral”, y añadió finalmente: “Me oía vivir, por así decirlo”. Jacques Charles era físico y se pronunció en estos términos tras la primera ascensión de un globo de hidrógeno: él viajaba dentro, se alejaba del suelo, podía observar desde las alturas el mundo cada vez más diminuto… y se supo simplemente feliz.

Se oía vivir, dijo; y también se refirió a un “sentimiento moral”. Las observaciones se comprenden fácilmente, no es difícil imaginar lo que pudo significar aquel momento, el hecho de desprenderse por primera vez del suelo metido en una de esas particulares canastas y levantar vuelo, así que incluso no resulta disparatado compartir –aunque sea remotamente– las emociones de aquel caballero antiguo, que nada sabía aún de aviones, ni tampoco de los espectaculares desplazamientos que se hacen estos días por las alturas. Lo que resulta más difícil es explicar lo que significan realmente sus palabras. ¿Por qué distingue entre placer y felicidad, por qué habla de “sentimiento moral”, qué quiere decir exactamente cuando habla de oírse vivir?

Julian Barnes inicia su última obra con una idea de marcado carácter literario: “Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia”. Y, efectivamente, a lo largo de Niveles de vida va a intentar ir puliendo este asunto, bajarlo a tierra, darle consistencia, hilvanarlo en unas cuantas historias. Enseguida se refiere, por ejemplo, a los viajes que hicieron en globo un coronel –Fred Burnaby–, una actriz –Sarah Bernhardt– y un fotógrafo –Félix Tournachon, más conocido como Nadar–, y encuentra otras tantas irresistibles observaciones sobre la experiencia de volar que, como la del físico Jacques Charles, tienen toda la pinta de dar en el clavo. Sarah Bernhardt apuntó que por encima de las nubes “no hay silencio, sino la sombra del silencio”, y Nadar descubrió que ahí arriba sentía “como si viviese por primera vez”. “Con qué facilidad se disipan la indiferencia, el desprecio, la desmemoria… y surge el perdón”, dijo. ¿Es tal vez esta idea del “perdón” la que podría ayudar a entender por qué dentro de un globo surge esa suerte de “sentimiento moral”?

Autorretrato de Gaspard-Félix Tournachon, llamado Nadar (h. 1865).
Autorretrato de Gaspard-Félix Tournachon, llamado Nadar (h. 1865).
Fred Burnaby, Sarah Bernhardt y Nadar existieron de verdad, así que si alguien los ha metido en un libro tendría que ser por fuerza en uno de historia. Julian Barnes se ocupa, por ejemplo, de explicar con detalle la obsesión de Nadar por atrapar desde las alturas lo que se ve desde allí y las dificultades que tuvo al hacerlo con unos dispositivos todavía muy primitivos, los de la fotografía de entonces. Pero el escritor británico se atreve también a contar la relación que tuvieron Sarah Bernhardt y Fred Burnaby. Les hace decir cosas, revela su intimidad, incluso se pronuncia sobre sus afectos. Llega a apuntar, sin ir más lejos, que el coronel Burnaby estaba tan contento por tener, en su relación con la actriz, “las cosas sencillas que el corazón deseaba” que incluso “se oía vivir a sí mismo”. Vaya: ¿puede un historiador tomarse tantas licencias?

¿Existen unos límites precisos, hay fronteras, peajes que pagar, cuando a la hora de escribir se mezcla la ficción con la realidad? Este viejo problema ha vuelto recientemente a las mesas de disección de los periódicos a propósito de diferentes novelas donde, efectivamente, aparecen hombres y mujeres que existieron de verdad y, digámoslo así, podría no resultar fácil distinguir que ocurrió realmente y qué ha entrado en esas versiones de contrabando. ¿Cómo diablos puede saber un escritor del siglo XXI que un militar del siglo XIX “se oía vivir a sí mismo” en esos momentos de doméstica complicidad que había conquistado al convertirse en amante de una célebre actriz? No hay que fiarse de Julian Barnes. En la novela que lo hizo célebre a mediados de los ochenta del siglo pasado, El loro de Flaubert, también se saltaba algunos protocolos que los prescriptores de los géneros han establecido sobre el mapa de la imaginación: hasta aquí, la realidad; de allí en adelante, la pura ficción.

¿Crónica periodística, pieza histórica, memorias, novela, autoficción? ¿de qué estamos hablando exactamente? El escritor es un artista de la mezcolanza, pero seguramente cada propuesta tiene su propia lógica y hay algunas que se acercan más que otras a esa excelencia que todos persiguen. Quizá por eso importe más que el afán de colgarle una definición precisa a cada libro, encontrarle la punta del hilo desde la que puede destejerse con mayor provecho la compleja trama de elementos que cada obra literaria convoca. En Niveles de vida, donde Julian Barnes se ha empeñado en subirse a un globo, y acompañar en sus viajes al coronel Burnaby, a la iconoclasta Sarah Bernhardt –cuando llovía, decía “que era demasiado flaca para mojarse; simplemente se colaría entre las gotas”, cuenta el escritor británico– y al fotógrafo Nadar, hay un momento en el que se le escapa una frase que de tan evidente produce chispazos: “Pero al elevarnos, podemos caer en picado. Hay pocos aterrizajes suaves”, escribe. Y después: “Cada historia de amor es en potencia una historia de aflicción. Si no al principio, más tarde. Si no para uno, para el otro. A veces para ambos”.

La actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), fotografiada por Nadar entre 1860 y 1865.
La actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), fotografiada por Nadar entre 1860 y 1865.
 De eso va Niveles de vida, ése es su asunto: una historia de amor que es una historia de aflicción. Lo que los escritores persiguen muchas veces no es más que eso, encontrar las palabras para darle forma a lo que los está deshaciendo, y poder mantenerse así enteros. “¿Cómo se puede transformar la catástrofe en arte?”, se preguntaba Barnes en el capítulo que dedica en Una historia del mundo en diez capítulos y medio a La balsa de la Medusa, el cuadro de Théodore Géricault. Eso es lo que ocurre en Niveles de vida, que Barnes está contando un naufragio en el que resulta que el náufrago es él mismo. “El pintor no es suavemente llevado río abajo hasta el remanso soleado de esa imagen acabada, sino que trata de mantener el rumbo en un mar abierto de corrientes contrarias”, escribió a propósito del trabajo de Géricault.

Julian Barnes tenía 32 años cuando conoció a Pat Kavanagh y 62 cuando murió. Desde que le diagnosticaron la enfermedad fatal hasta que todo acabó pasaron 37 días. Fue en el otoño de 2008. Niveles de vida intenta meterse en el agujero de lo que pasó después. “Entonces, ¿cómo te sientes?”, escribe. “Como si te hubieras caído desde una altura de sesenta metros, y hubieras aterrizado con los pies por delante en un arriate de rosas, con un impacto tan fuerte que te ha clavado en la tierra hasta las rodillas, y una conmoción que te ha reventado los órganos internos y los ha proyectado fuera de tu cuerpo. Así se siente uno, ¿y por qué debería parecer otra cosa?”. ¿Qué ha pasado con los viajes en globo, dónde diablos hemos venido a parar?

Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh, fotografiados en 1991 por Jillian Edelstein. National Portrait Gallery.
Julian Barnes y su mujer, Pat Kavanagh, fotografiados en 1991 por Jillian Edelstein. National Portrait Gallery.
 El largo periodo de duelo, la pura aflicción. En ese mar de corrientes contrarias se debatió Julian Barnes durante un largo tiempo tras la muerte de su mujer. Todas las hipótesis que el dolor fabrica, todas las tentaciones de precipitarse al abismo, la violencia de la conmoción y la pura indiferencia ante el mundo: “La posición defensiva, acurrucada, a la que nos fuerza para sobrevivir nos vuelve más egoístas. No es un lugar elevado en el aire; no ofrece vistas. Ya no puedes oírte vivir”. Así lo cuenta, así despliega Barnes las estancias del infierno con esa elegancia tan británica que consigue, si puede decirse así, pasar él mismo desapercibido. Y es que, seguramente, este libro no es una historia de Julian Barnes: es una historia de amor y es una historia de aflicción. Y como lo que va persiguiendo es algún tipo de sentido, despliega también a su manera un “espacio moral”. Por eso al principio la pista que nos daba aquel caballero antiguo, el físico Jacques Charles.

¿Qué es la literatura, en qué perimetros se maneja, qué tiene de legítimo y qué de fraudulento? En aquella novela sobre el loro de Flaubert, Barnes se dedicaba a construir varias caprichosas cronologías para situar el marco de su historia y armaba una de ellas con frases del escritor francés. En 1857, escribió por ejemplo: “Los libros no se hacen como los niños, sino como las pirámides, con un proyecto premeditado y amontonando grandes bloques los unos encima de los otros, a fuerza de riñones, de tiempo y de sudor. ¡Y no sirven de nada! ¡Y se quedan allí, en el desierto! Pero dominándolo de forma prodigiosa. Los chacales se mean en su base y los burgueses suben hasta su cúspide; continúa la comparación”.

Niveles de vida de Julian Barnes

Niveles de vida de Julian Barnes es un pequeño libro delicioso que te ahonda el gusto por la lectura; pero sobre todo te sugiere nuevos pensamientos y nuevas ideas que te acompañan mientras compartes tu vida con las andanzas que discurren y las vidas narradas. Así cuando juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierta en el momento, pero no importa. El mundo ha cambiado, no obstante.» El libro arranca con esta reflexión y en efecto reúne tres historias aparentemente inconexas que acaban mostrando secretos y sutiles lazos. Niveles de vida habla de la aventura de vivir, de los retos imposibles, del amor que todo lo desborda y del dolor de la pérdida. Y lo hace entretejiendo tres piezas independientes. La primera nos habla de los pioneros de la conquista del cielo con los globos aerostáticos y de las iniciales tentativas de fotografías aéreas realizadas por Nadar, aspirando a ser el ojo de Dios. La segunda historia retoma a un personaje de la anterior, el coronel británico Fred Burnaby –bohemio, aventurero y viajero, que murió en Jartum–, del que se relata su pasión por la legendaria actriz Sarah Bernhardt. La tercera parte salta en el tiempo del siglo XIX al XX y de las historias ajenas a la propia: la muerte de su esposa. No es la primera vez que Julian Barnes experimenta con las formas literarias. En este caso la ruptura con la narrativa más tradicional está al servicio de una aventura literaria de gran calado: indagar, huyendo del sentimentalismo, en el dolor causado por la pérdida del ser amado, adentrarse con las armas de la gran literatura en el territorio de la aflicción. El resultado es un libro deslumbrante, que rompe las barreras de los géneros y consigue una hondura y una belleza iluminadoras.

Elle de Paul Verhoeven

Elle de Paul Verhoeven, que en realidad es una película es Isabelle Húppert que le da sentido y argumentos con su increible interpretación por la que estuvo nominada al Oscar, pero no se lo concedieron a Emma Stone por La La Land; aunque sí consiguió los premisos César y los Globlos de Oro a mejor película y actriz.

En este drama psicológico, hay un preciso ejercicio de un enfermizo suspense: a ello se le une una corrosiva comedia de costumbres y, aún más, un apasionante retrato femenino en clave patológica; todo ello da como juego Elle, una película que no te permite apartar los ojos de la pantalla y sus personajes.

Michèle Leblanc (Isabelle Huppert), una exitosa mujer de negocios, se ve atrapada en un red de agresiones y fascinación en su búsqueda del hombre que la violó. En paralelo, debe lidiar con una cascada de conflictos con su madre, su hijo, su ex marido, su mejor amiga y sus compañeros de trabajo.

 

Yo, Daniel Blake de Ken Loach

Yo, Daniel Blake de Ken Loach es una película en la que cobra sentido el compromiso social al que nos tiene acostrumbrados su autor y su guionista Paul Leverty, pero quizás aquí cargados con un punto de verdad y prosimidad que nos hace más doloroso el drama que acontece en la pantalla. Conecta con todos nosotros sin ningún esfuerzo. Ken Loach (con esta segunda Palma de Oro de Cannes en su palmarés) construye otra cuestionadora mirada a la falta de trabajo y oportunidades, a la crueldad de la kafkiana burocracia estatal (muchas veces asociada con la insensibilidad del sector privado) y a las miserias del poder. Puede que por momentos la película resulte un poco demagógica en su glorificación de esos personajes nobles y queribles, sencillos, algo torpes y siempre bienintencionados, pero Yo, Daniel Blake funciona bien sobre caminos previsibles por los que nos conduce.

Por primera vez en su vida, y víctima de problemas cardíacos, DANIEL BLAKE, carpintero inglés de 59 años, se ve obligado a acudir a las ayudas sociales. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar un empleo si no desea recibir una sanción. En el transcurso de sus citas al “JOB CENTER”, Daniel se cruza con KATIE, una madre soltera de dos niños que tuvo que aceptar un alojamiento a 450 km de su ciudad para evitar que la envíen a un hogar de acogida. Prisioneros de la maraña de aberraciones administrativas actuales de Gran Bretaña, Daniel y Rachel intentarán ayudarse mutuamente.

 

La habitación en llamas de Michael Connelly

La habitación en llamas de Michael Connelly es un libro propio del verano que nos deslumbra por lo trepidante de la acción y la narración, con un final sorprendente. Es un nuevo caso del detective Harry Bosch que nos subyuga en sus nuevas entregas y el bautismo de fuego para su nueva compañera, la detective Lucía Soto.

No hay muchas víctimas que mueran una década después de que se cometa el crimen. Así pues, cuando un hombre fallece por las complicaciones derivadas de un balazo recibido diez años antes, a Harry Bosch le corresponde un caso en el que el cuerpo todavía está fresco pero apenas hay ninguna otra pista. Incluso para un policía veterano sería un caso complicado. Y la nueva compañera de Bosch en el Departamento de Policía de Los Ángeles, la detective Lucía Soto, no tiene ninguna experiencia en homicidios. A Bosch y a Soto se les encarga resolver un caso de alta tensión y con implicaciones políticas. Empezando por la bala que ha permanecido alojada durante años en la columna vertebral de la víctima, los detectives deben conseguir nuevas pistas a partir de pruebas reunidas años atrás, y éstas pronto revelan que el disparo no tuvo nada de aleatorio. Cuando la investigación gana velocidad, conduce a otro caso sin resolver en el que todavía hay más intrigas por descubrir; Harry Bosch y Lucía Soto deben decidir si vale la pena arriesgarlo todo para encontrar la verdad o si es más seguro dejar que algunos secretos permanezcan enterrados.

En la prensa americana lo tienen como un ídolo:

«Ésta es la mejor serie policial escrita en Estados Unidos..» The Washington Post

«Bosch se ha convertido en una de las figuras más populares e imperecederas de la novela policíaca estadounidense.» The Chicago Tribune

«Connelly convierte A Harry Bosch en un personaje nuevo y original en cada aparición.» The Miami Herald

 

 

Corto Maltés. Equatoria de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Estoy encantado de poder volver a disfrutar una nueva aventura de Corto Maltés, en esta caso Corto Maltés. Equatoria de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero que conserva buena parte de la emoción de la que nos tenía acostumbrado el gran Hugo Pratt, almamater de esta saga que continúa con el mismo espíritu. Aquí no lleva desde la cuna de Venecia a recónditos rincones de África, y nos vuelve a sorprender cómo entremezcla con personajes reales, los más significativos Winston Churchill o Contantino Cavafis; o lugares emblemáticos como Alejandría o la misma Equatoria. Pero lo mejor es que existe un cierto continurá cuando al final dialoga con Alejandría: “Este barco no hace escala en Malta”. “Lo sé”. “¿Dónde irás en cuanto desembarques”. “¿Quién sabe? …. a cualquier lugar menos a Ítaca”.

Kazuo Ishiguro, premio Nobel de literatura 2017

Estoy muy contento que le hayan concedido este año el premio Nobel de literatura a Kazuo Ishiguro porque es un autor que he seguido con pasión estos años y por que me parecen muy subyugantes los mundos que recrea. Desde The remain of the days, los restos del día que lo dio a conocer mundialmente, e incluso se hizo una magnífica película; o the artist of the floating world, que disfruté en inglés en su momento; o la última el gigante enterrado, recientemente referencia da aquí el 18/12/2016. https://sildavia9.wordpress.com/2016/12/18/el-gigante-enterrado-de-kazuo-ishiguro/

Tan sólo mi enhorabuena y agradecimiento.

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